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miércoles, 4 de mayo de 2022

Estudiemos 1 Reyes

 Hace algunas semanas comenzamos el estudio de 1 Reyes en Semilla de Mostaza Querétaro. Una de las cosas que a mí me ha sido útil es elaborar un cuadro como este (este lo hice hace casi 10 años). 

Seguramente puedes encontrar este tipo de cuadros en internet, pero lo enriquecedor es que lo hagas tú mismo.

Acomoda tres columnas:

Dos son para el reino del sur y reino del norte. Aquí coloca los nombres de los reyes y algunos datos que sean relevantes (cuánto duró su reino, etc.). Yo también trato de marcar si el siguiente rey es hijo del rey anterior o es una nueva dinastía.

En la tercer columna (yo la pongo en el centro) pones otros datos que sean importantes: profetas que aparecen, eventos que se narran, etc.

Espero hacer pronto un video con esto y explicarlo mejor, por lo pronto te dejo una foto de cómo lo hice hace algunos años.

Utiliza flechas, signos o rayas y todo lo que se te ocurra. También marca si el siguiente rey de la lista es descendiente directo o es una nueva dinastía (yo lo hago poniendo una flecha con línea continua si es que el rey es hijo del anterior y con una flecha con línea punteada cuando hay una nueva dinastía en el gobierno).
Esta es solo una propuesta



lunes, 17 de enero de 2022

Cesar, nos vemos pronto

Cesar  y yo rumbo a Tabasco
Conferencia de pastores 2007
 Tal vez mi primer recuerdo de Cesar era cuando en Semilla nos reuníamos los miércoles en el salón de abajo del Gran Salón del Valle, más o menos el 2005.

Él llegaba con traje y corbata y se sentaba a tomar notas en su laptop. Siempre me sonreía aunque creo que nunca nos habían presentado. Poco tiempo después nos conocimos ya en forma  oficial, cuando comenzó a encargarse del grupo de adolescentes (grupo que nunca más soltaría).

Esa época para mí era difícil, yo atravesaba por constantes momentos de profunda depresión y un día llegué a la oficina de Semilla de Mostaza (en aquel tiempo yo servía como voluntario en varias áreas y había alguna reunión de coordinación) y me desahogué en llanto porque en verdad sentía que no podía soportar la situación ni un día más. Recuerdo haber dicho: "¡No va más, mejor ya tiro la toalla...!". Por supuesto, las personas que estaban ahí oraron por mí y me ayudaron a volver mi mirada a la fidelidad de Dios.

Al día siguiente, antes de comenzar alguna de las reuniones, Cesar se acercó conmigo y me entregó una toalla chiquita. Me dijo: "Toma, esta toalla es chiquita para que si tiras la toalla no te cueste volver a levantarla", me dio un abrazo y oró por mí una vez más.

Con el correr del tiempo pasaron los episodios de depresión para mí,  y como gracia extra, pude contar con Cesar como un amigo, siempre sonriente y sabio.

Enterarnos de su partida fue uno de los golpes más duros que nos ha tocado soportar, y junto con mi esposa anoche solo pensábamos que Cesar parecía siempre estar en paz.

Su partida nos deja con ese agridulce sabor de gozo porque ha llegado a la meta y ha entrado en el gozo de Su Señor, pero con una sensación de angustia porque en la próxima junta que tengamos ya no estará su voz.

Nos vemos pronto, Cesar. Para mí fue un privilegio haber recibido el honor de tu amistad por tantos años. Haber sido corregido por ti y haber visto cómo la obra de Dios es real y cómo el evangelio es verdadero en un creyente verdadero. Nos vemos pronto. En esto, como en tantas otras cosas, tú vas adelante, hacia Cristo.

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Aquí una conversación que tuvimos acerca de su vida, su conversión y otras cosas:

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Una mirada a la mirada del remanso

A veces mientras estoy haciendo algunas actividades pongo una canción en youtube y dejo que solito el algoritmo vaya eligiendo canciones. Al principio son canciones que ya he escuchado con anterioridad pero luego comienzan a salir canciones que nunca había escuchado. Estaba en eso cuando de pronto comenzó una canción que no  conocía pero que llamó mucho mi atención. Se notaba que era un dúo y que había una guitarra... pero qué sorpresa me llevé al ver a Nahuel Pennisi tocando la guitarra tan bien y de una manera tan extraña, como si fuera un piano... además de que cantaba con la facilidad de quien respira y ya. 

La letra, la interpretación en la guitarra, las voces... todo era impactante... pero en un segundo me di cuenta de que Manuel Moreira tenía algo familiar. Tuve que ver el video nuevamente y darme cuenta de que lo que me llamaba la atención era algo sencillo: la mirada. 

Manuel mira a Nahuel de una manera que no podría describirse más  que como cariño y admiración ¿pero por qué se me hacía  algo tan conocido? Sólo pasaron unos segundos y terminé de comprender de qué se trataba todo esto. Era una conjunción de factores (y hay algunos que van a darme la razón porque saben bien de qué estaré hablando)

Esa mirada sólo la había visto en un amigo que no utiliza sombrero pero sí una gorra, que también es cantante y hace ademanes muy parecidos a los de Manuel, pero que sobre todo tiene una mirada así de transparente.

Este mi amigo se llama Hugo pero hasta ahora, 20 años después de conocerlo, no puedo decirle de otra manera sino "Huguito". Hace unos días mientras estaba en una clase del IBSM y les contaba a los alumnos cómo este mi amigo tenía tan firme la cualidad de hospedador (algo que Pablo le dice a Timoteo que un obispo debe tener ). Y esa calidad de hospedador (literalmente: amor por los extraños/extranjeros) Huguito la transmitía claramente en su mirada. (Lo sé bien porque yo era un extraño y extranjero en aquel lejano tiempo en comenzaba a patear las calles de México)

No recuerdo a nadie que se hubiese sentido rechazado cuando Huguito daba la bienvenida en la iglesia, o a ningún alumno suyo que no se sintiera importante cuando hablaba con él. Había muchos factores para esto, pero quienes alguna vez vimos esa mirada, sabíamos que en realidad, a pesar de los defectos y desvirtudes que Hugo podría tener, esa mirada era de Cristo.

La canción misma vale la pena por completo, pero en el minuto 2:34, quienes lo conocen pueden dar testimonio de que no estoy imaginando sino recordando.




Pd. La canción es composición de Jorge Fandermole, de quien ya conocía "Era en abril" en voz de Baglietto. Canción que te recomiendo la escuches si no lo has hecho nunca.

sábado, 15 de mayo de 2021

Esperar en Dios - Paciencia

 La palabra "Paciencia" deriva de una palabra latina que significa "sufrir" (por eso llamamos "paciente" a quien acude al doctor, porque un "paciente" es "uno que sufre"). 

En el Nuevo Testamento la palabra que se traduce por "paciencia" suele ser una palabra que significa "Resistencia o aguante alegre" ¿Cómo pueden dos conceptos tan dispares ("el que sufre" y "resistencia alegre") estar emparentados?

Es que no lo están de manera natural.

Ante la prueba, normalmente buscamos huir, zafarnos y escapar lo más pronto posible... es nuestra naturaleza, pero cuando estamos en Cristo podemos entender que la paciencia es un eslabón más en la cadena que Pablo hace en Romanos: 

Tribulación-Paciencia-Prueba (experiencia)-Esperanza (Romanos 5:3-5)

¿Pero por qué "Esperar en Dios" es algo tan difícil? ¿No debería ser algo sencillo y placentero? Es que nuestra naturaleza carnal siempre huye de la buena voluntad de Dios, aunque eso represente la muerte, y siempre desprecia la Voluntad de Dios, aunque eso represente escapar de quien puede traer consuelo.

"Esperar en Dios" implica someter mi voluntad a la Suya, a Sus tiempos, Sus medios, Sus formas y Sus propósitos... por eso es que esta espera debe estar llena de gozo, porque hemos confiado y comprobado Su buena Voluntad, porque creemos que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:28)

La paciencia es, en definitiva, una de las expresiones visibles de la Fe.

El salmista dice:

"Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios..." (Sal 40:1-3)

Alguno dirá: "Pero yo no soy paciente, no puedo, lo he intentado pero no he podido. He leído el Salmo pero yo no puedo hacer eso..."

Si te sientes así, antes de que te hundas en el lodo cenagoso recuerda que la paciencia es también algo que podemos pedir a Dios. No está de manera natural en nosotros sino que es otra muestra de la Gracia de Dios a nuestra vida. La paciencia es un fruto del Espíritu no una conquista de nuestros esfuerzos...

Así que si es tu caso, si necesitas aprender ese "Aguante alegre y confiado en Dios", aún en los tiempos más difíciles, pídele paciencia a Dios con fe y humildad; y repítete a ti mismo:

"Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de Él es mi esperanza" (Salmo 62:5)

martes, 19 de enero de 2021

Rafa... Bienvenido a casa

Desde la primera vez que entré a Semilla él estaba ahí. Yo iba con mucho temor porque no sabía si me dejarían entrar a la iglesia o no. 

Si mal no recuerdo había que atravesar una reja y un patio. Avancé cada paso con el corazón latiendo a mil, subí los escalones que conducían a la puerta de entrada del salón donde sería la reunión... y ahí estaba Rafa. Con su bata amarilla, sus bigotes blancos y una sonrisa que no había visto nunca en ningún lado. Me dio la mano con fuerza, firme y sin temor. Me dio un abrazo al tiempo que me daba la bienvenida como si de alguna manera estuviera feliz de verme y me hubiese estado esperando.

Para que yo entrara a la iglesia esa primera vez hubo una cadena de milagros (que ya he narrado alguna vez) que culminó con el fortuito encuentro con mi maestro de la materia de Ensambles, Gabriel Hernández, que fue quien me animó a entrar a la iglesia. La siguiente semana me tocaría ir solo.

 Al salir de mi casa, ese siguiente domingo por la mañana, sentí cómo los nervios me consumían una vez más. Sólo le pedía a Dios que en la puerta volviera a estar esperando ese señor que me había saludado como si nos hubiésemos conocido desde siempre... y ahí estaba, nuevamente con una sonrisa sincera, mirándome directamente a los ojos, y dándome la bienvenida.

Cómo iba a sospechar que él y su familia serían tan queridos con el correr de los años. 

En estos más de 20 años he contado esa anécdota varias veces y son muchos los que me han dicho que vivieron exactamente lo mismo: Rafa los esperó en la puerta y les dio la bienvenida... y eso hizo que fuera sencillo regresar una y otra vez.

Cuando alguna vez le conté cuánto había influenciado su vida en el hecho de que yo hubiese deseado regresar a la iglesia, pareció no darle importancia a su papel en la historia, "Es cosa del Señor", me dijo.

Ayer nos enteramos que Dios lo ha llamado a Su presencia.

Sé que ahora Dios le ha abierto las puertas del Cielo: "...bien, buen siervo y fiel, entra en el gozo de tu Señor..."

¿Cuánta importancia puede tener una sonrisa?

Sé que un día estaremos todos de aquel lado de la eternidad y tal vez, en algún gran servicio de alabanza delante del Trono de Dios, Rafa estará con su sonrisa dando la bienvenida a todos aquellos que han sido lavados con la Sangre del Cordero... tal como lo hizo con tantos que como yo, pudimos regresar a la iglesia porque al final de cuentas, su sonrisa siempre fue la de Cristo... es cosa del Señor, me decía, es cosa del Señor.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Así se fueron algunos septiembres hace más de 13 años...

 

Lucy y yo en el aeropuerto,
rumbo a Bolivia para 
casarnos
Así fue la cosa:

Yo vivía en un pequeño garzonier (un departamento monoambiente... un cuartito, pues) y algunas veces Lucy llegaba en coche para llevarme a conocer la vida que florecía por todas partes cuando ella aparecía. 

Yo esperaba ordenando mis tiliches y repasando solfeo o leyendo mi Biblia; atento a la ventana y a los llamados que podrían entrar al celular... cuando no estaba cancelado por no ponerle crédito por demasiado tiempo.

Al llegar la señal corría y brincaba por las escaleras que daban a la calle, siempre torpe para escoger la llave del zaguán y lanzarme a alcanzarla, desbocado en la pendiente que descendía de mi casa al Eje 10.

Era septiembre... y luego octubre, noviembre... hasta el otro septiembre y un octubre más... yo coleccionaba miserias cada quincena y la boda se hacía lejana e imposible...

Y ante otra llamada yo brincaba y corría por la escalera una vez más cuando convocaba el sonido de mi celular... al igual que el canino de Pávlov... y así se escurría otro septiembre y otro octubre... 

Los meses se fueron gastando de tanto acumularse hasta el día en que, armado de valor (y con mi escolta pastoral) fui a pedir su mano...

...no voy a contar cómo fue esa tarde. Sólo quería dejar sentado que cuando escucho esta canción (que habla de un perro que aunque es desaliñado y travieso, brinca de amor cuando ella llega en su carro... y se pone contento cuando le hacen caso...) recuerdo que así fueron esos años, en los que me pasaba bailando entre la cocina y el sillón cuando me llamaba por teléfono y me decía: "Ya llegué"

"Sabes que me alimento de lo que robo entre tus encantos
Que tras la puerta corro y espero
al llegar tu carro..."




 




lunes, 10 de agosto de 2020

Demasiado demasiado

La palabra "demasiado" quiere decir que algo está demás y tan demás que ya es innecesario (o incluso, a veces, un estorbo). Pero por alguna razón desde hace algún tiempo se ha comenzado a utilizar como un sinónimo enfático de "mucho". Por ejemplo a veces hay quien dice: "a fulanito lo quiero demasiado", cuando lo que quisieron decir es "lo quiero mucho" ya que si se quiere "demasiado", en realidad se ha rebasado la medida y por tanto ya hablaríamos de un afecto innecesario o incluso perjudicial.

En todo caso, yo creo que esto obedece a esa torpe costumbre que tienen las palabras de desgastarse a fuerza del uso, y a veces se desgastan tanto que su significado termina siendo banal, aunque en principio eran poderosas.

Eso puede suceder con palabras mucho más significativas como las conjugaciones de "amar".

Hace casi 20 años mis papás vinieron por primera vez de visita a México y un amigo mío me hizo el favor de llevarlos a pasear por la ciudad mientras yo estaba en horario laboral. Mas tarde mi papá me contó extrañado que mi amigo les había dicho: "su hijo los ama". ¿Qué era lo que mis papás tomaban como extraño en una frase así? Ellos eran muy conscientes de mis afectos, esa no era la sorpresa sino la palabra utilizada.

En Bolivia, hace 20 años (antes de que el internet nos devorara entre sus fauces a toda hora y en todo momento), la palabra "amar" sólo se utilizaba en la relación romántica entre novios o esposos. Uno podía amar a una novia pero no era lógico decir que uno "amaba" a sus padres. Era una palabra muy exclusiva a cierto tipo de amor, y eso la hacía muy especial... pero en México esa palabra ya había ganado terreno y se utilizaba de muchas maneras. (Tal vez por la cercanía a Estados Unidos, ya que en inglés la palabra love se utiliza naturalmente en esa gran cantidad de sentidos)

En todo caso, el día de hoy utilizamos la palabra "amar" de manera indiscriminada para referirnos a una canción, una película, una mascota, un día de la semana, un familiar o una actividad... y tal vez por eso de pronto hay la necesidad de enfatizar la expresión con un "amo demasiado".

¿Pero en realidad amamos todo eso? o solo hemos tomado una palabra que era significativa y la hemos usado indiscriminadamente, tanto que ahora es demasiado fácil decir que amamos a alguien, no porque amamos más sino simplemente porque es más fácil decirlo.

¿Cuál es mi propuesta? ¿Volver a utilizar la palabra "amar" sólo para describir un tipo de relación? Bueno, esa podría ser una opción pero creo que hay una alternativa aún mejor: amar de verdad a quienes por el momento sólo les decimos eso porque el vocablo surge de nuestros labios lo mismo con un helado, el chocolate, una película o una mascota.

Creo que el reto es pedir a Dios que nos ayude a amar indiscriminadamente pero no abaratar nuestro afecto... al final de cuentas, nunca se puede amar demasiado.

(Eso sí, creo que la palabra "demasiado" sí se usa demasiado y sería bueno respetar su significado... a veces es bueno entender que "mucho" no es "demasiado"... aunque sea mucho mucho...)

domingo, 21 de junio de 2020

No te equivoques, mejor peca...

Uno de los discursos que a veces oímos cuando alguien ha caído en pecado es: "lo siento, es cierto, me equivoqué". Lo cual, supongo que pretende ser una especie de "confesión" pero que confiesa otra cosa y no lo necesario.

Verás, cualquier ser humano comete multitud de errores muchas veces al día: confundimos palabras, equivocamos el nombre de alguna persona, decimos una fecha equivocada, etc. 

Pero el pecado no es un "error involuntario" (¿error involuntario?? perdón por la redundancia) sino que es un acto deliberado de rebelión contra la Ley de Dios, por ello, cuando alguien peca no puede (o mas bien no debería) utilizar la frase "Cometí un error, me equivoqué".

Además, esta excusa suele acompañarse del razonamiento falaz: "El que esté libre de pecado tire la primera piedra" (Razonamiento que Jesús utiliza de una manera específica y en un contexto específico, no para escudarnos cuando "pecamos involuntariamente")

Por eso el consejo que puse en el título: "...mejor peca", ya que el aferrarte a que fue un error sólo es una demanda para reclamar que los demás no sean injustos al encararte, pues ¿quién no se equivoca?

... pero eso no es lo peor.

El disfrazar un pecado con el traje de "error" o "equivocación" nos arrebata la posibilidad de apelar a la Gracia de Dios, nos roba la libertad de confesión  y nos despoja de la capacidad de arrepentimiento delante de Dios. Y esa es una tragedia porque al escondernos en "fue un error" en realidad nos apartamos del perdón de Dios.

En realidad ese argumento es el triste eco de la primera excusa de la historia: "La mujer que tú me diste..." o la subsiguiente: "La serpiente me engañó y yo comí..." (al final pareciera que ni Adán ni Eva tuvieron la culpa... sólo cometieron errores... ¿quién podría tirar la primera piedra?)

"Me equivoqué, lo admito" es una trampa de nuestra carne para evitar la humillación que merecemos ante Dios y ante los demás.

Quienes apelan a la frase "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra..." olvidan que la mujer pecadora de Juan 8, estaba ahí dando la cara, sin escapar ni esconderse, aceptando su culpa delante de Dios y de los hombres. No es ella la que grita "¿Quién puede tirar la primera piedra?" sino que permanece ante el Señor -culpable y condenada- hasta que Cristo mismo la declara libre para irse... nunca dijo "Perdón, fue un error, me equivoqué, cometí una equivocación... pero quién no se equivoca".

Evita la trampa de caer en la trampa... no te equivoques, mejor peca... o para ponerlo sin confusión: no digas que fue un error, sino confiesa que has pecado y recuerda que:

"El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia"
Proverbios 28:13

lunes, 8 de junio de 2020

Portada 2 - Facundo Cabral en Bellas Artes

Corrían los años finales de la década del 70 y vivíamos entre las montañas del departamento de La Paz, más allá del Illmani, aquél célebre guardián de nieve que sojuzga la capital desde la arrogancia  de su altura.

Mis papás habían movido su residencia a un pueblito, lejos de la ciudad y apartados de la persecución política de la dictadura. Las centrales hidroeléctricas serían la fuente de trabajo y el germen de aventuras de aquellos tiempos que en mi mente se revuelven con recuerdos reales, historias que escuché y fotos que todavía conservo en la memoria

La casa era inmensa (como suele ser la casa de la infancia) y la incomunicación con el mundo era la anchura de cada día. En aquel pueblito no había señal de televisión, no había estaciones de radio ni llegaba ningún tipo de periódicos, lo único que nunca faltaba era luz eléctrica ya que casi todos en el pueblo trabajaban en la central hidroeléctrica que alimentaba de corriente eléctrica gran parte del departamento. (ojo, Bolivia está dividida en "departamentos", es el equivalente a "estados" en México)

La cosa es que en medio de aquella vida rural, mis papás tenían algunos cassettes que sobrevivieron a la mudanza y a la censura del gobierno militar, y esa era la música que se escuchaba en casa todos los días. Mis días se iban en jugar, cazar arañas, comer pan recién horneado y escuchar la música de mis papás.

Entre la música que había sobresalía un cassette en particular, uno en el  que se oía a un solo hombre que cantaba con su guitarra mientras el público reía y aplaudía cada cierto tiempo, incluso antes de que la canción terminara. Otra cosa que recuerdo es que este hombre del cassette hablaba mucho, mucho, pero hablaba como si cantara, como si contara una vida en cada letra (muy distinto al cassette con el discurso de Fidel que en aquel tiempo me aburría... que luego me gustaría... y que ahora..., bueno, esa es otra historia)

En ese cassette había una canción acerca del diablo, una sobre una tal "señora de Juan Fernandez" y una sobre la María Teresa, que comenzaba con una serie de bienaventuranzas que desde aquella época me intrigaban, y que desembocaban en una canción que hablaba de María Teresa, una mujer que brillaba con luz propia en medio de la canción. Una mujer cuya belleza competía con las bienaventuranzas que precedían a la melodía.

Pasaron los años y ese cassette se fue disolviendo entre recuerdos, más mudanzas y más dictaduras... hasta que un día, cuando ya vivía en México, entré a Mixup y encontré entre las novedades un CD con estas canciones que a mí me sonaban a "ratatouille" (Si viste la película me comprendes).  Escarbé entre mis bolsillos los pocos pesos que tenía y arriesgando la comida de la semana compré el par de discos  (Un CD doble) y me fui rápidamente a mi casa.

Mis papás inspeccionando una presa
para la central hidroeléctrica
La emoción me embargaba mientras colocaba ese tesoro... directamente a la canción de la  María Teresa. Cuál sería mi sorpresa cuando al escuchar la letra, siendo ya un hombre crecido y a miles de kilómetros de mi casa, me daba cuenta de
que en realidad ¡María Teresa era -y siempre ha sido- mi mamá!

En verdad Alicia es quien hizo siempre que sea "bienaventurado este lugar y este  momento, amigo mío, porque la vida es aquí y ahora... y contigo"

Gracias Mamita... nunca necesitaste ni el brillo de la luna pa estar hermosa!


sábado, 6 de junio de 2020

Evangelio de Juan... tengo una confesión

Nos tomó casi un año exacto estudiar en Semilla Querétaro el Evangelio de Juan, verso a verso (Aquí puedes escuchar toda la serie). Y recordé que siempre digo que hay dos libros de la Biblia que no me gusta estudiar/predicar: El libro de Salmos (las razones las contaré algún día) y el Evangelio de Juan.

Sé que suena raro decir eso de uno de los libros de la Biblia más queridos por todos (incluso por mí), pero déjenme me explico.

Digo que no me gusta estudiar el Evangelio de Juan (y sobre todo tener que enseñarlo en un estudio bíblico) porque siempre termino frustrado.

Siempre tengo la sensación de que debía haber estudiado un poco más, me quedo con la idea de que dejé de lado doctrinas que pudieron enseñarse y que ni siquiera tuve tiempo de mencionar (o a veces  ni de estudiar). Entonces la siguiente semana arranco temprano mi jornada de estudio y reviso el texto en todas las versiones, en todos los idiomas y repaso todos los comentarios que ofrece internet. Me sumerjo en el griego y reviso las referencias al Antiguo Testamento (incluso en la Septuaginta), saco mi Nuevo Testamento interlineal y mi libro de Teología Sistemática para que no se me vaya ninguna brizna doctrinal sin que sea desempolvada. Luego magistralmente acomodo eso en un prédica de 45 minutos y...

...y sí, regreso frustrado porque tengo la impresión de que compliqué demasiado algo que podía haberse comprendido con una lectura sencilla y tal vez alguna que otra referencia hacia algún otro pasaje.


Es que este Evangelio es así, alguien lo describió como "un océano tan profundo como para bucear y a la vez una pequeña alberca en la que un niño puede jugar sin peligro". Bueno, por esa bendita sensación de incapacidad que saca a flote es que no me gusta este Evangelio... y sí, lo diré claro y con todas sus letras, es también por esa misma razón que me encanta y no puedo esperar la próxima vez que tengamos que estudiarlo en la iglesia. Por lo pronto, a partir del 14 de junio comenzaremos a estudiar Gálatas, verso a verso, espero que no nos tome un año... pero quién puede predecir esas cosas...

lunes, 11 de mayo de 2020

Del verbo al Verbo (Crónicas del tiempo de la U)


No recuerdo el año, pero habrá sido a mediados de los 90 (lo advierto por lo largo del cabello) cuando en la universidad nos convocaron a renovar el carnet universitario, algo vital para poder utilizar la biblioteca, tener acceso a un descuento en la cafetería y (aunque no lo crean) poder utilizar el centro de máquinas de escribir (ay... la edad me está pegando... algunos ni siquiera saben qué es eso).
Esta vez la innovación sería suprema en tecnología, el susodicho carnet no sería una hojita enmicada sino una tarjeta con una impresión ¡Hasta la fotografía sería tomada al instante y saldría inmediatamente en el documento! (ay... con esta edad me va a dar... me va a dar...)

Estaba en alguna clase (no recuerdo cuál, aunque sospecho que sería "minimedios de comunicación") cuando los encargados pasaron al salón a hacer el anuncio llamándonos a "carnetizarnos" lo antes posible. Al salir ellos, el lic. que daba la clase nos preguntó si encontrábamos algún problema en el anuncio que nos habían dado. Como nadie lo notaba él expresó: "'Carnet' es un sustantivo, no un verbo, por tanto no se conjuga. Nadie puede 'carnetizarse'. ¿Acaso cuando te compras un reloj te estás 'relojizando'?"

"Verbalizar un sustantivo", pensé... mientras trataba de evitar tararear una canción de Arjona... pero el hecho llamó profundamente mi atención... verbalizar un sustantivo... ¿podría sustantivarse un verbo?

Muchos años después de ese evento, ya como estudiante en México, me topé en la Biblia con la narración de Juan que presentaba a Jesús como "El Verbo"... ¡Pero encarnado! o sea, este Verbo no era una acción sino una persona... ¡un sustantivo! (sí, ya lo sé, puristas del lenguaje, que no es tal cual pero permítanle la licencia a ese muchacho que comenzaba a patear las calles del Distrito Federal... en ese tiempo había olvidado mucho de la universidad y no conocía casi nada de la Biblia). 

- ¡Wow! - Pensé - ¿en serio el Verbo hecho un hombre? Sólo un tiempo después estaba recibiendo un nuevo carnet, uno invisible, con una nueva identidad, y una ciudadanía que no pertenece a este mundo.

Han pasado muuuuchos años de eso. Esta semana, buscando unos cables que necesitaba para hacer andar una consola, me topé con este carnet y se nota que el tiempo lo ha desgastado, decolorado y definitivamente ya no es una tecnología nueva. Mi rostro también ha cambiado por los años, los traumas y las cirugías... pero mi nuevo carnet, de aquella nueva ciudadanía, sigue intacto... como mi herencia: incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en el Cielo para mí, que soy guardado mediante la fe, por el poder de Dios.


miércoles, 29 de enero de 2020

Excusas que excluyen

Dicen que "aquel que es bueno para dar excusas, raramente es bueno para otra cosa". El echarle la culpa a otros por nuestra condición o por nuestras fallas es parte de nuestra condición caída; desde el principio esa fue la primera respuesta de Adán y de Eva:

"Fue la mujer...", "Fue la serpiente" y aunque esos datos eran verdaderos, no reflejaban la verdad.

Santiago nos deja muy en claro que cada uno de nosotros es tentado cuando de nuestra propia concupiscencia somos atraídos y seducidos (Santiago 1:14). O sea que los factores que nos tientan no provienen de las circunstancias externas, sino de nuestro propio corazón.

El buscar excusas sólo nos lleva a escondernos inútilmente con un traje de hojas, que no abriga ni conforta. Pero el entender mi condición de necesidad y reconocerla  me pone en la puerta de la Gracia de Dios.

Al final de cuentas, en el jardín de Edén Dios había provisto todo tipo de alimentos para Adán y Eva, o sea que no fue el hambre lo que llevó a Adán y a Eva a comer del fruto prohibido, sino un deseo de rebeldía e independencia de Dios.

Ante nuestro pecado no nos rodeemos de excusas tratando de esconder nuestra condición, sino vengamos delante de aquel que -como un Cordero sin mancha -
proveyó la vestimenta de un nuevo hombre, creado en la justicia y santidad de la verdad.

sábado, 25 de enero de 2020

¡Enseñanza y Ejemplo!

"¡¡Buena enseñanza y buen ejemplo!!"
así clamamos a viva voz y a los cuatro vientos... y creo que tenemos razón. Estas dos cosas son fundamentales en el liderazgo, ya sea en la iglesia o en ámbitos más cercanos como la familia... "Buena enseñanza y buen ejemplo" es nuestra demanda.

Pero aunque es justa la exigencia, de ninguna manera eso es lo que necesitamos como base de nuestro caminar en fe.

Verás, Judas tuvo delante de sus ojos al mejor maestro, ante sus oídos la mejor enseñanza y ante su vida al mejor ejemplo de integridad, amor y servicio... pero no fue suficiente para él.

Es que al final del día no es suficiente un buen maestro sino que necesitamos reconocer que necesitamos Un Salvador.

En el proceso de humillación para reconocer nuestra miseria no necesitamos nada más que contemplar la Cruz, aquella evidencia de lo terrible de nuestro pecado.

Es cierto que todos necesitamos un referente físico que nos muestre el caminar firme en la fe (¡Gloria a Dios por aquellos que han modelado el amor de Dios delante de nosotros!) pero también es cierto que la  obra redentora de Dios viene sólo contemplándole a Él, y a nadie más que a Él.

No pretendo sembrar excusas a quienes deberían marcar el camino, sino que estoy recordándome a mí mismo que mi confianza debe estar en Cristo y que yo mismo podría -así como Judas- errar en mis pasos cuando no entiendo mi necesidad... aún con buena enseñanza y buen ejemplo delante mío.

jueves, 16 de enero de 2020

envidia... o en muerte...

La envidia...
Esa insidiosa compañera de tantas madrugadas.

La envidia es capaz de amargarnos los mejores momentos con la excusa de que alguien podría estar viviendo o teniendo algo mejor que nosotros.
Pero lo peor se da cuando racionalizamos o justificamos eso que nos está consumiendo por dentro... y es mucho peor cuando nos sucede cómo cristianos.

Todos batallamos  con el contentamiento (en mayor o menor medida), eso es algo natural en nuestra condición caída, y el justificar nuestro pecado alivia un poco nuestra carne pero a la larga puede destruir nuestra vida.

En particular he oído mucho la frase: “Perenganito es un presumido al poner en redes sociales todo lo que compra, los lugares donde come y los viajes que hace ¿no se da cuenta de que puede ser de tropiezo para la gente que lo sigue?”
(Insertar imagen/meme/emoji/ boquiabierto)

A ver ¿en verdad estamos acusando a alguien de “incitar a la envidia”????
La envidia es una condición interna, no algo que otro provoca y nunca (NUNCA) culpa de alguien más. Es uno de esos pecados en los que nos abalanzamos solitos y sin colaboración de nadie. El negarlo sólo aparta de nuestro alcance la medicina que puede aliviar ese dolor (la envidia duele mucho): el arrepentimiento y la confesión de nuestro pecado.

Aunque la tentación de echarle la culpa a otra persona en muy grande, recuerda que cuando la envidia te quiere comer las entrañas no es algo que otro tiene que resolver sino nosotros mismos ante la Gracia de Dios. Y la Gracia de Dios está tan alcance de todos que no necesitamos envidiarla de nadie.

martes, 31 de diciembre de 2019

"Pedís y no recibís porque pedís con uvitas..."

"Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites"
(Stg 4:3)

Cuando Santiago dice que “piden mal” no está hablando de la “técnica” al hacer la oración, sino de la intención del corazón. Es decir, “pedir bien” no hace referencia a la estructura o volumen de la oración, ni tampoco a la seguridad con que se pide lo deseado, ni siquiera a las palabras que se utilizan.

La frase “porque pedís mal” puede también traducirse como: “pides con malignidad” o “pides sin misericordia”.

Jesucristo dijo que el secreto de la oración contestada está en que “permanezcamos en Él y sus palabras en nosotros” (Juan 15:7). Jesús ya había enseñado cuál era el propósito de la oración: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:13, énfasis añadido).

Eso es lo que Santiago está diciendo: pides y no recibes porque no estás pidiendo algo en lo que el Padre pueda ser glorificado, sino que estás pidiendo cosas en las que tú buscas tu propia gloria.

Pues pidamos, pero pidamos cosas que glorifiquen a Dios (además eso siempre nos beneficia porque Dios es bueno, siempre bueno)

viernes, 28 de septiembre de 2018

Nevaba cuando llegué

Yo, estrenando la vida en brazos
de mi abuela Rosa.
A mi lado Guillermo Revilla,
mi abuelo.
    Dicen que nevaba allá, en un pueblito cruzando el Illimani, en el departamento de La Paz, Bolivia.

    Dicen que había nevado por muchos días y que en medio de esa nevada yo decidí que era tiempo de nacer... o mas bien, que alguien lo decidió a mi favor.

    Dicen que los caminos -pequeños y sinuosos a través de la cordillera- estaban cerrados por el hielo y la nieve, pero era necesario llegar a la ciudad, así que mis papás alistaron todo para iniciar la travesía (que de por sí ya era compleja, aún en condiciones normales).

    Dicen que, en las llantas de la camioneta de la Bolivian Power, pusieron cadenas  para poder llevarnos a la ciudad, ante la inmediatez (¿insensatez?) de mi llegada.

    Dicen que había una cuadrilla de hombres -con azadones y picos- que caminaban frente a la camioneta para ir abriendo el camino por el cual avanzar, y así evitar llevar a la camioneta a donde sólo había hielo pero ya no suelo, sino un barranco. Así, arrastrándose tras los pasos de los caminantes, la camioneta pudo evitar los despeñaderos.

    Yo no recuerdo nada de eso, (¿cómo podría?)
pero dicen que así fue.

    Un 28 de septiembre, en la ciudad de La Paz, luego de horas y horas de picar hielo y avanzar de poquito en poquito hasta llegar a la carretera... llegué yo. El mundo no lo supo, pero dicen que mis papás se alegraron.
Con eso era suficiente.

domingo, 18 de octubre de 2015

El hambre y el pecado...

El pecado en nuestras vidas demanda ser alimentado. Molesta, estorba y gime por alimento. La trampa es que nuestra carne a veces razona pensando que si lo alimentamos un poco dejará de molestarnos... y por tanto cedemos.

La realidad es que, al igual que el fuego, el pecado crece en su voracidad con cada bocado que obtiene de nuestra vida; y crece hasta devorarlo todo... nunca tiene misericordia, nunca tiene saciedad. Por ello es que la Biblia nos exhorta a no alimentar los deseos carnales que batallan contra nuestra alma (1 Pedro 2:11). 

Sí, así es, esta lucha no tiene cuartel ni descanso. Si en el cansancio de la lucha cotidiana cedemos y concedemos ventaja a la carne, el pecado, lejos de saciarse despierta con más hambre.

"Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo. Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. Mas bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: "Sean santos, porque yo soy santo." Ya que invocan como Padre al que juzga con imparcialidad las obras de cada uno, vivan con temor reverente mientras sean peregrinos en este mundo."
(1 Pedro 1:13-17)

Pensaba en eso cuando resonaba en mi mente un fabuloso poema de Rubén Darío que habla de un lobo y su relación con un pueblito italiano... pero de eso hablaremos en otro momento.

lunes, 13 de enero de 2014

El Hobbit... ¿el qué?

Los que me conocen de cerca saben que tengo una opinión marcadamente negativa ante las películas de Peter Jackson sobre la obra de Tolkien (Toda la eternamente aburridora serie de "el Señor de Los Anillos" y "el Hobbit"). Bueno, a lo mejor tengo que aclarar que las películas tienen algo de valor (la música y el vestuario, por ejemplo... no sé si algo más...) pero la labor de adaptación de la obra de Tolkien es francamente un verdadero desperdicio.

No voy a hablar de todas las películas, sino sólo acerca de la tristemente segunda parte del Hobbit, y no voy a hacer una crítica cinematográfica -habrá gente especializada que pueda despedazarla con mayor fortuna- sino que, si me lo permiten, voy a hablar de una analogía que me venía a la mente mientras veía esas películas.

Si has visto las películas y no has leído los libros, déjame decirte: No sabes nada acerca de la obra de Tolkien, excepto tal vez, los nombres de algunos protagonistas, la existencia de enanos, elfos y arañas... pero ignoras personajes fabulosos y eventos básicos...

El señor Peter Jackson se dio a la tarea de inventar personajes, eventos, batallas, triángulos amorosos y otros recursos que él consideró necesarios para hacer de la película una tortura palomera.
¿El resultado puede ser más emocionante que lo que fue escrito por J.R.R.? Es probable, pero al final de cuentas se distancia tanto de la obra original  que lo único que permanece son retazos medio hilvanados de lo que en principio era una obra maestra.

El asunto es este:
Tristemente hay alrededor -o tal vez nosotros mismos podemos ser- "cristianos Hobbit-Jackson", es decir, cristianos que muestran una vida muy emotiva, de mucho "rating", llena de aventuras valerosas, pero en el fondo, la verdad es que todo está totalmente desfasado del guión que el autor quería mostrar.

Un cristiano nominal (o cristiano Hobbit-Jackson) mantiene -como la película- una escenografía bien lograda, el lenguaje más o menos adecuado, incluso uno que otro diálogo extraído literalmente de los libros, pero deja de lado tantas cosas y le suma tantas otras, que en el balance general, ese cristiano Hobbit-Jackson refleja muy poco de lo que El Libro (La Biblia) plantea.

Nuestro llamado es sencillo: vivir de acuerdo a lo establecido por Dios en Su Palabra, sin importar cuántas entradas vendemos para ver nuestra historia: el cristiano sabe que lo importante no es su propia historia sino la proclamación de la verdad escrita con sangre en una cruz hace dos mil años.

Si te gustó el Hobbit, está bien, no me tomes a mal, pero que tu vida no sea una mala adaptación de La Palabra. No nos tomemos licencias literarias para desvirtuar un mensaje que es insuperable y que, a nosotros mismos, nos arrancó de las tinieblas, "siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre" 1 Pedro 1:23

Nos vemos en el cine :)

sábado, 12 de junio de 2010

En la prueba

Sabemos que mientras estemos en este tiempo, en este cuerpo y de este lado del universo vamos a tener constantemente pruebas y problemas; el apóstol Pedro nos dice "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese..." (1 Pedro 4:12), por tanto, el hecho de estar en pruebas no debe ser una novedad ni para el creyente ni para el incrédulo.

Entonces ¿Cuál es la diferencia entre el que ha entregado su vida al Señor y el impío? Dicho en una sola palabra: Esperanza.

Es esa esperanza (no entendida como quien "anhela algo inasible e impalpable" sino como quien espera algo con la certeza de que vendrá) la que nos levanta día a día: mi esperanza no es que cambien las circunstancias, sino que Mi Señor regresará por mí.

Esta canción ("I'm waiting" de John Waller), que es parte de la película "A prueba de fuego" (fireproof) nos da una pista de lo que puedes hacer mientras estás en medio de la prueba:

"...por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria..." (2 Cor 4:16-17)



miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Azar...? No creo...

Hace un tiempo alguien me mandó el link del video que está a continuación y mientras lo veía pensaba en que sería absurdo si alguien pensara que todo lo que sucede es producto del azar, es decir, ¿quién podría creer que cada una de las imágenes formadas, así como el orden de las mismas y la transición entre una y otra son producto azaroso del viento? ¿no es demasiado perfecto como para creer eso? ¿no sería imposible o absurdo creer que esa historia se creara "así como así"?

Bueno, si algo tan sencillo como una historia en una caja de arena nos impacta ¿por qué creer que la vida -multiforme como es- se generó en todos sus aspectos como un simple acto del capricho del azar? y además, ¿Quién en su sano juicio dice "¡Wow, qué increíble que es la arena!"?, ¿no es, acaso, más lógico decir "¡Wow, qué increíble lo que esa mujer hace con la arena...!!?. Bueno, también en nuestra vida cotidiana hemos caído en la trampa de admirar más la creación que al creador (Pablo lo dijo muy claro en Romanos 1, ¿no es verdad?)

Esta es la historia:



Aquí hay una página con respuesta a las preguntas más frecuentes acerca de este video (música, símbolos, etc) lamentablemente sólo está en inglés.