jueves, 4 de septiembre de 2008

El Evangelio... y ya

En realidad es sencillo:
Cristo, Dios encarnado, murió por nuestros pecados de acuerdo a lo que las Escrituras habían profetizado. Fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. El que cree es perdonado y el que no cree ya ha sido condenado porque no ha creído en el nombre del unigénito de Dios.

No se trata de debatir qué tan probable era que todo eso sucediera, la respuesta es obvia: ¡Era totalmente improbable! ¡No debía suceder jamás!... pero Dios tuvo misericordia de nosotros… no fue el “orden en que las cosas deben suceder”. Todos íbamos en dirección a la muerte eterna, sin esperanza, pero Dios tuvo misericordia de nosotros y vino a este mundo a pagar nuestra deuda.

No se trata de argumentar con los incrédulos, se trata de predicar el evangelio (ellos tienen argumentos… nosotros sólo el evangelio), esa buena noticia… y si alguien no quiere escucharla… seguimos predicando el evangelio. No es nuestra tarea convencer a la gente, el Espíritu Santo se encarga de eso, a nosotros se nos ha dado el privilegio de predicar las buenas noticias: Cristo vino y se entregó por nosotros, dándonos vida a través de su muerte, y si creemos, tenemos vida eternamente con Él (…sé que estoy repitiendo lo mismo, de eso se trata)

No se trata de rebajar el mensaje para que la gente no se ofenda. Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, todos son PECADORES… pero Cristo no vino a llamar a justos, sino a pecadores, siendo herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados… por eso tenemos esperanza en Él.

No se trata de adaptar el mensaje. El mensaje es uno solo y siempre el mismo en todo tiempo y lugar: Cristo murió por nuestros pecados, y resucitó siendo declarado Hijo de Dios con poder. Sólo en Él hay salvación, sólo hay un camino una sola verdad y una vida verdadera: Jesucristo, nadie va al Padre si no es por Él.

Con otro discurso puedes ganar amigos, prestigio, etc., pero nadie se convertirá a Cristo sino por la predicación del evangelio

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree… al que no cree, esto siempre le será locura, no por eso voy a cambiar el mensaje. Sólo saber una cosa: Jesucristo y este crucificado.

martes, 26 de agosto de 2008

Tesoros


Cuando llegué a vivir a México, evidentemente no tenía nada más que un disco, un poco de ropa, un par de baquetas y mi metrónomo (Luego compré una guitarra). Y por muchos años me mantuve así.
Sólo tenía una regla para comprar algo: ¿me lo voy a poder llevar a Bolivia sin problemas?, y cada vez que iba a visitar a mi familia tomaba todos los CDs que había acumulado en el año (sí, en esa época se compraban CDs, no existía spotify) y los llevaba a mi casa, allá en Santa Cruz.

Muchas veces deseé comprar una lavadora, pero eso era algo que ya me iba generar incomodidades al momento de irme a Bolivia porque tendría que venderla y todo eso… por eso el primer año en México lavaba mi ropa a mano, no valía la pena un gasto innecesario si estaba sólo de paso en este país.

Y así renuncié a varias cosas que podrían ser útiles pero que definitivamente retrasarían mi salida si es que hubiese querido ir a casa inmediatamente. Las incomodidades de no tener tele, lavadora, automóvil, celular, etc. Desaparecían tras la siempre inminente posibilidad de regresar a Bolivia.

Esa debe ser nuestra postura ante las cosas de este mundo, porque los esfuerzos y angustias por conseguir las cosas materiales nos ahogan y al final de cuentas todo cuenta como nada a la hora de entregar al creador el cuerpo que nos prestó por un tiempo.

Jesús decía claramente: “no os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro allí estará vuestro corazón” (Mateo 6:19-21). Esa es la clave, hacer mis tesoros allá y entonces mi corazón ira hacia donde está el Creador, no funciona al revés, el tesoro no sigue al corazón sino el corazón al tesoro. Haz tus riquezas en el Cielo y tu corazón añorará más y más el Cielo, entonces podrás ver la verdadera dimensión de esta vida: una “neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (Stgo 4:14)

Y ya que hablamos de Bolivia, me puse nostálgico y aquí pongo unos temas bolivianos interpretados por mi amigo Pirai Vaca (a quien veo de tanto en tanto y siempre en una ciudad distinta…)







Este tema no es boliviano pero por cómo toca Pirai vale la pena ponerlo ¿no?

viernes, 15 de agosto de 2008

Creerle... esa es la onda

Pablo era muy claro al decir que “…la Ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago…” (Romanos 7:14-15), y retrata una frustración clara al no poder vivir agradando a Dios de la manera correcta, pero al final de esta sección Pablo hace una pregunta importante: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Nota que no dice “Qué puedo hacer para librarme de este cuerpo” o “Qué podrá librarme de este cuerpo”, sino que claramente pregunta por un “quién”. El versículo que sigue tiene la respuesta: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Romanos 7:25)

Sólo hay una forma de librarnos de esa frustración al saber que no podemos vivir como quisiéramos: descansar en la gracia de Dios que recibimos a través de Jesucristo. O sea, depositar nuestra confianza en Cristo y su sacrificio, eso es fe.
Somos salvos por gracia, por medio de la fe (Efesios 2:8-9), pero después de ser salvos necesitamos permanecer en esa fe y caminar en ella, y la forma de hacerlo es CREYENDO que lo que Dios nos pide es lo mejor.

Muchas veces desde nuestro punto de vista creemos que permanecer en un determinada situación es lo mejor… pero dentro de ti sabes que estás desobedeciendo a Dios. Lo que pasa en realidad es que no estás caminando en fe, estás creyendo lo que tus sentidos te muestran en vez de creer lo que Dios en Su Palabra te está diciendo. Y tratas de negociar con Dios “…bueno, Señor yo te creo, pero también creo que en este momento estoy viviendo una excepción a lo que tu marcaste, porque tú dices que quieres lo mejor para mí y yo me siento muy bien con esto que estoy viviendo…” , realmente has olvidado que Él no cambia (Santiago 1:17), ni Su Palabra (Isaías 40:8, 1 Pedro 1:23) Necesitas creerle y obedecer.
Hay dos formas de obedecer, una basada en el miedo a la autoridad y eso se hace mecánicamente (eso es religión) y la otra que está basada en la confianza de que lo que te piden hacer es lo mejor; “no metas tus dedos a la toma de corriente” es una instrucción buena, puedes tomarla como “no me dejan vivir mi libertad” o “Cuánto me ama que me advierte de algo peligroso”, tu respuesta depende de la confianza que tengas en quien te dio esa orden. Dios tiene la autoridad para ordenarnos lo que quiera (Es Dios), pero quiere que tengamos una relación de amor con Él.

Una vez que reconozco que Su Voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2) y reconozco mi incapacidad de vivir de esa manera (si creo que yo puedo, estoy demasiado lleno de mí mismo y no hay espacio para Él), entonces estoy listo para recibir Su Espíritu, que es lo que me va a dar el poder para ser testigo suyo día a día (Hechos 1:8). Y Él pondrá querer y el hacer a través de Su Espíritu (Filipenses 2:13).

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viernes, 1 de agosto de 2008

El Amor

Para Jacques Lacan, el psicoanalista francés, el amor era “dar lo que no se tiene a alguien que no es”, o sea un convenio de mutuo engaño. Shakespeare, en cambio, en “Romeo y Julieta” plantea que el amor es “el humo engendrado por el hábito de los suspiros”. Y hay quien no se inmiscuye en la tarea de la definición del amor, sino en su “caducidad” y citan a Vinicius de Moraes en célebre frase: “el amor es eterno mientras dura” * En todo caso, la concepción cotidiana del amor es barata y poco esperanzadora.

Pero la Biblia nos muestra que el amor no está basado en un sentimiento porque los sentimientos son fluctuantes y dependen –en la mayoría de los casos- de las circunstancias, de las ambiciones personales y el egoísmo (“…te amo porque me siento bien… pero si ya no me siento bien... ya no te amo…”)
El amor bíblico es, en primer lugar, una decisión individual y consciente; un acto de la voluntad. Jesucristo dijo “Un mandamiento nuevo os doy…” (Juan 13:34) no dice un “sentimiento” sino un “mandamiento”. El amor es un acto deliberado y personal.

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16) Dios no “sintió” que nos amaba, sino que decidió amarnos y envió a su Unigénito. Cristo no “sintió” amarnos, sino que decidió amarnos hasta la muerte y lo demostró en la Cruz del calvario. Nadie le quitó la vida, sino que Él decidió ponerla por nuestro rescate (ver Juan 10:17-18) Fue su decisión.
Por todo eso, el amor verdadero (ya sea a tu esposa, a tus padres, a tus hijos o a tus vecinos -o incluso a tus enemigos-) no es un sentimiento al que debes seguir, sino un acto de obediencia.

Si tú decides obedecer, (amar a quien no “sientes” amar) Dios te dará el poder hacerlo, no es un acto místico o esotérico, sino simplemente un acto de obediencia. ¿Vas a obedecer?
(Tal vez te preguntas “¿Cómo es que Dios me dará el poder para hacer algo que no puedo hacer?”, lo veremos la próxima semana…, mientras tanto sólo obedece y ama a tu prójimo)

*Frase común, extrapolada del poema “soneto da fidelidade” (“soneto de fidelidad”) del poeta Vinicius de Moraes:
(fragmento)
“Eu possa me dizer do amor (que tive):
Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure”

“Pueda yo decir del amor (que tuve)
Que no sea inmortal, puesto que es llama
Pero que sea infinito, mientras dure”

viernes, 25 de julio de 2008

¿Miedo?

Hay quien tiene miedo de la oscuridad (me inscribí en esta categoría tantos años… mi familia lo debe recordar tan bien…). También hay miedo a ciertas alimañas (oh, si Noé hubiese limpiado bien el arca). También hay quienes tienen miedo de hablar en público y quienes tienen miedo del avión (dice García Márquez que no tiene miedo de que se caiga el avión… sino que tiene miedo de volar) Pero de todos los miedos el peor es el inevitable miedo del “día después de mañana” (citando una mala película). Ese miedo es el miedo a la muerte, porque sólo la muerte es lo certero, lo inexcusable, lo ineludible…

Dice la Biblia que el que tiene el imperio de la muerte es el diablo, y por este temor a la muerte todos estábamos sujetos a servidumbre. El miedo de la muerte nos esclaviza a la voluntad del que tiene el imperio de la muerte.
Míralo de esta manera: Es el miedo a la muerte lo que produce ese deseo de “aprovechar” la vida al máximo. Ahora, ¿Está mal eso? ¡Claro que no! Yo creo que debemos aprovechar la vida, pero no para correr en dirección a la muerte.
La presencia de Cristo en tu vida te libra de ese temor a la muerte y entonces eres libre de vivir bien, no esclavizado a lo que el mundo dice que es la felicidad y no esclavizado a lo que el mundo dice que es “vivir”.
Déjame ponerlo de otra manera; hay quien dice que “aquí y ahora debemos disfrutar…” lo dice porque realmente no sabe qué es lo que viene después y le aterra que luego no tenga esos deleites… pero cuando has conocido la verdad del evangelio SABES que nada tiene comparación con el gozo que nos espera cruzando el umbral de la muerte… por tanto, ¿por qué temer? ¿Por qué creer que “hay que aprovechar mientras hay”? Si sabes que lo mejor está por venir… entonces puedes verdaderamente disfrutar este tiempo, e incluso las pruebas son de gozo porque sabes que la prueba de tu fe produce paciencia (Santiago 1:2); “y la paciencia prueba (experiencia); y la prueba esperanza (confianza) y la esperanza no avergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:4-5).

…el perfecto amor echa fuera el temor…” y “nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:17-18)

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda su vida sujetos a servidumbre” Hebreos 2:14-15

miércoles, 16 de julio de 2008

¿Nacer de nuevo?

Nicodemo se acercó de noche y le dijo a Jesús: “Sabemos que vienes de Dios…”
¡Claro! Cómo negarlo después de ver todo lo que había visto; cómo negar que venía de Dios después haberle oído…
El problema para Nicodemo no era lo que sabía, sino lo que no sabía –o no quería reconocer- : Su verdadera condición.
Nicodemo, como todos los religiosos, creía que el “hacer cosas” ponía a Dios en la obligación de otorgarle la entrada al cielo.

Es fácil reconocer quién es Jesús… (Es demasiado maravilloso para confundirlo con un simple maestro o un profeta… Él es Dios) el siguiente paso es reconocer quién soy yo, y cuando estoy a su luz la realidad es evidente. No importa cuántas “cosas buenas” haga o pretenda hacer… nunca es suficiente porque Jesús es Dios y yo soy polvo.
Por eso Jesús le contesta: “Necesitas nacer de nuevo (…) el que no nace del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”. ¿Nacer de nuevo? O sea ¿tener dos vidas? ¡Claro que no! (a no ser que seas un gato no tienes más que una vida) ¿Entonces?

Entonces quiere decir que necesitas otra vida, la Biblia no dice que debes “mejorar” sino que necesitas renacer. ¿No te has cansado de la vida que cada día inicias y persigues, pero que siempre se escapa de tus dedos? ¿No te has cansado ya de tantos esfuerzos estériles?

Primero necesitas nacer de nuevo (si no sabes cómo, aquí te ayudan paso a paso: www.quehare.com) y luego… como Juan Bautista: deja que Él crezca mientras tú menguas… eso es morir a ti mismo.

Nicodemo no reconocía que estaba muerto, esa era su condición, por eso hacía cosas religiosas para sentirse vivo. ¿Tú eres igual?

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán” (Juan 5:23-24)

(La historia de Nicodemo la encuentras en Juan 3)

lunes, 7 de julio de 2008

Paciencia

Los tiempos modernos han acelerado todo; ya las palomitas (pipocas, se dice en Bolivia) no se hacen como antaño, ahora se hacen en tres minutos con solo apretar un botón. La comida viene pre-cocida, las ensaladas viene pre-desinfectadas, etc. Todo para que a la hora de cocinar todo sea más rápido.

A la hora de escribir también hemos “economizado” palabras o letras, ahora “c pde scribir n la mnera q c t ntoje”. Los niños también van desde muy pequeños a la escuela para aprender cuanto antes inglés, computación y todo eso que es necesario para ser un “hombre de éxito” en el mundo moderno, nos guste o no esa es la realidad que correteamos día a día pero…

…pero ese no es el diseño de Dios. Él diseñó el día de 24 horas y por mucho que corramos sigue teniendo 24 horas. Hay cosas que no podemos acelerar porque a pesar de que en el mundo actual las prisas nos gobiernan, en el diseño divino Dios es el que sigue gobernando… y Él no tiene prisa porque el tiempo está en su mano.

Las pruebas que vivimos requieren de tiempo porque es en ese lapso que Dios está formando su imagen en nosotros. Las pruebas desarrollan nuestra confianza en Él… pero no puede haber confianza si no hay paciencia. Yo sé que puedes decir “he hecho la voluntad de Dios y sigo en este tiempo tan duro y difícil…”, mira lo que dice Hebreos 10:36 “Es NECESARIA la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (énfasis mío)

Dios no quiere meterte en un microondas espiritual para que la prueba pase rápido. Sabemos que los mejores platillos no se pueden hacer de esa manera, sino que tienen que hacerse “a la antigüita” respetando los tiempos de cocción “pa que sazone”. Dios quiere hacer la obra en nosotros -Él es fiel- pero como buen artista, lo quiere hacer bien. (Filipenses 1:6)

En medio de la prueba, espera y confía, toma tu Biblia día a día y espera en Él, “…no te hagas perezoso, sino imitador de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”… dirás “¿y cómo puedo imitar a esos que no son perezosos?” lee tu Biblia y aprende de Daniel, Josué, David, etc. Ahí están… lee Hebreos 11… y ya que estás por ahí… sigue leyendo hasta darle la vuela a toda la Biblia… necesitas paciencia, pero el fruto vale la pena.