sábado, 27 de diciembre de 2008

(Como decía Silvio) "Si fuera diez años más joven..."

...hace ya mucho tiempo que Silvio escribió esos versos, y desde la adolescencia, cada que escuchaba esa canción hacía memoria de qué había pasado en mi vida diez años antes.
Hoy, 27 de diciembre, simplemente me suena en la memoria porque hace diez años, el 27 de diciembre de 1998, desperté por primera vez en México. Había llegado un día antes sin saber muy bien lo que estaba haciendo, estaba emocionado y -lo confieso- un tanto asustado.
Pero al despertar, el 27 de diciembre, ya tenía más claro lo que estaba pasando. Esa noche dormí en una recámara que daba justo a la entrada del metro copilco y me despertó el bullicio cotidiano de la gente. Había dormido poco porque estaba demasiado nervioso para dormir.

Desde esa época hasta el día de hoy, han pasado muchas cosas en mi vida y muchas cosas han cambiado. Aprendí a tocar batería, el internet se hizo popular, cambié 3 ó 4 veces de celular, conocí mucha música nueva y descuidé antigüos gustos musicales, etc. Pero mi necesidad principal no ha cambiado, y el remedio para mi necesidad tampoco ha cambiado.
He cambiado modales, ha cambiado mi forma de hablar y muchas más cosas, pero mi necesidad de Dios no ha cambiado ni un poquito, sigo siendo torpe cuando trato de hacer las cosas a mi manera y sigo siendo inutil cuando creo que yo sólo puedo hacerlo mejor. Cada día que pasa eso se afirma en mi vida, sin ÉL nada soy, sin Él nada importa, sin Él nada existe, sin Él todo es nada.
Tal vez seguirán cambiando muchas más cosas, no solo en mi vida, sino en el mundo (puede que haya más "onces de septiembre" y más guerras y devaluaciones) pero una cosa tengo clara: Lo que está escrito en mi Biblia es más firme que el suelo que estoy pisando, y es lo único de lo que sé que puedo agarrarme confiadamente: Su Palabra.

Sólo quisiera que te tomaras unos segundos para leer este fragmente de 1 Pedro que te puede ayudar a direccionar tu vida para los próximos años. (tal vez hasta te los sabes de memoria, pero tómate unos segundos para leerla como si fuera la primera vez que escuchas esto). Sería increíble que en diez años voltees hacia atrás y veas que has estado viviendo obedeciendo lo siguiente: (el énfasis añadido es mío)

“Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy Santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.
Porque:
Toda carne es como hierba,
Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada."
(1 Pedro 1:13-25)

Cada frase en negritas creo que nos da un "tip" que quiero probar los próximos diez años... o tal vez un poco más:

Ceñid... "agarra la onda, abre los ojos, ponte atento"
Esperad... "aprende a depender de Él"
No os conforméis... "muere a ti mismo, vives para su Gloria"
Conducíos en temor... "Él es Dios, nosotros polvo, no al revés, no pierdas de vista esa perspectiva"
Siendo renacidos... "Debes permanecer en la Palabra de Dios, es la que te da ánimo en tiempos difíciles, la que te regresa la perspectiva, la que te hizo renacer al oir el evangelio.... permanece en la Palabra de Dios"
La Palabra de Señor permanece para siempre... "no te va a fallar: confía, cree y obedece"

lunes, 22 de diciembre de 2008

Espera...

Los minutos se arrastran, arrastrando los segundos que los siguen.
Me quedé dormido un rato y algunas personas ya no están alrededor, otras nuevas han llegado.
Ya recorrí todos los pasillos una y otra vez, y no hay nada que me interese, sólo quiero llegar ya a casa.
Estoy en el Aeropuerto de El Salvador (que nombre tan interesante para sentarme a escribir esto). Todavía me quedan 6 horas antes de que salga mi vuelo, unas cuantas horas de vuelo y luego tengo una escala en Lima y continuamos el viaje... es pesado pero vale la pena soportarlo porque voy a visitar a mi familia.
Verás, a veces en mi vida con Cristo me pasa lo mismo. A veces las pruebas me abruman y me quedo dormido y cuando despierto algunas personas alrededor mío ya no están y otras nuevas han llegado... y cuando veo hacia adelante veo que todavía falta mucho para que la prueba pase. Pero, cuando pienso en la meta... ah... ahí todo cambia porque entonces la prueba vuelve a tener el valor que realmente tiene: es pasajera, un día terminará.
El viaje no tiene valor por el viaje sino por el lugar a donde estoy yendo y las personas que voy a ver... es igual con Cristo. Si te enfocas en lo que está sucediendo puedes perder la perspectiva... hay una meta y Él nos está esperando, y un día todo esto va a terminar.
Odio los despegues y aterrizajes, realmente me estresan, pero, sé que con cada despegue y aterrizaje que paso ya estoy más cerca de la familia que me está esperando en Bolivia. Con las pruebas es igual, cada prueba solo es la muestra de que ya está más cerca nuestra redención... y entonces podemos tener sumo gozo cuando nos hallamos en diversas pruebas, como nos dice Santiago.
Bueno, tengo que volver a mirar la nada por la ventana del aeropuerto y volver a imaginar lo que platicaré con mis padres y mis hermanos cuando llegue a Santa Cruz... Feliz Navidad a todos, que Dios los bendiga.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Tanto, tanto, tanto…

Tenemos –o por lo menos yo tengo- tantas cosas por las que podemos dar gracias a Dios. Me recuerda a Daniel. En Daniel 6:10 lo vemos poniéndose de rodillas dando gracias a Dios ¿¡Qué!? Acaban de firmar un edicto que lo puede matar, sin contar que lleva más de setenta años deportado en Babilonia, sin contacto con su familia de la que fue arrebatado cuando era un niño (Daniel 1), ha vivido amenazas de muerte (Daniel 2) ¿y al final de su vida da gracias?

Mira, Pablo nos dice “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18) Esa es la clave, ser agradecidos EN todo. La palabra “en” corresponde al número G1722 del Dr. Strong, y en el original griego es una "preposición que indica una posición de lugar, tiempo o estado"; o sea que debo dar gracias en todo lugar (casa, trabajo, escuela, calle, etc.) también en todo momento (mañana, tarde, noche, en la juventud, en la vejez, etc.) y en todo estado en que me encuentre (en enfermedad, en salud, en alegría y en tristeza, etc.)

Ahora, alguien dirá: “ok, estoy de acuerdo, pero ahí dice dar gracias EN todo, no POR todo” mmm… sí, eso dice… ahí, pero si volteas unas páginas en tu Biblia, en Efesios 5:19-20 dice “…cantando y alabando al Señor en vuestro corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (énfasis añadido)

Así es, debo dar gracias a Dios EN todo y también POR todo, incluso si estoy viviendo algo que es difícil y doloroso. ¿Por qué? porque esa es la voluntad de Dios para con nosotros, en Cristo Jesús (1 Tesa 5:18), y sé que Su Voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2), por eso “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…” (Romanos 8:28), porque aún en tiempos difíciles tengo la certeza de que Dios no me está torturando, sino que está trabajando en mi vida, por amor y con amor. Y eso es algo para agradecer, ¿no?

Déjame animarte a hacer una lista de cosas por las que puedes agradecer a Dios, a pesar de lo que estés viviendo, mi lista empieza así: Gracias por la Cruz, por que podría no conocer a Jesús y lo conozco (¡Y Él me conoce a mí!), por mi esposa, porque me acaban de regalar una lavadora, porque anoche tuve un techo sobre mi cabeza, porque tengo una Biblia y sé leer, por el helado de vainilla de häaguen-dazs , por mis papás y mis hermanos, por el abre fácil de los “kinder delice”, por mi dolor de espalda, porque Dios es fiel, porque tal vez un día voy a ser papá… qué onda, ¿tú por qué das gracias?

jueves, 20 de noviembre de 2008

¿De qué trata Génesis?

Génesis trata de Dios creando el universo para mostrarnos que nos ama. Trata de nuestra poca valía y su gran deseo de tenernos junto a Él. Trata de empezar a realizar el plan que Él tenía desde la eternidad, para tenerme a su lado.
Génesis se trata de mí, siendo creado por Dios con un solo propósito: Su gloria.
Estoy yo en Adán. Siendo creado a su imagen, sabiendo que ha pensado en mí desde la eternidad. Estoy en Adán cayendo por mi pecado, traicionando a mi creador, siendo cautivo de mi pecado. Adán, indigno de ser creado, pero siempre amado por Él
Estoy en Noé. Sin nada especial en mí mismo, como Noé elegido por su misericordia (Gn 6:8), vivo solamente porque hallé gracia ante Él. Viviendo una nueva vida, con la esperanza de un mundo nuevo, en medio de la tempestad pero seguro en Él. Noé, Indigno de ser salvado, pero anhelado por Él.
Estoy en Abram. Llamado por Dios para Él. Partiendo de casa sin fe, sin creer en mi Señor, desobediente y cobarde. Estoy en Abram, mentiroso y necio. Estoy en Abram, siendo renacido y siendo transformado en Abraham, para heredar una promesa que no era mía. Educado y preparado por Dios y para Él. Abraham, indigno de ser elegido, pero llamado por Él.
Estoy en Isaac. Llamado a ser sacrificado, pero rescatado gracias al enorme amor de Dios. Estoy en Isaac, siendo amado por mi Padre y rescatado por el Cordero sacrificado en mi lugar. Indigno de ser amado pero esperado por el Padre. Indigno de ser rescatado pero comprado con su sangre.
Estoy en Jacob. Traidor, estafador y defraudador. No mereciendo nada, pero llamado a recibir lo que no era para mí. Bendecido sin motivo, aprendiendo a decir: Mi Dios. Indigno de recibir nada, pero lleno de todo. Partí sin nada, ahora tengo a Mi Dios.
Estoy en José. Enseñado y entrenado para la misión que Dios tiene para mí. Despreciado por los hombres, esclavizado por el mundo, pero amado por Dios y acompañado de Dios. Estoy en José, muerto pero revivido para servirle a Él. Indigno de su mano, pero tocado y cuidado por el Dios de todo el universo. El único y verdadero.

En síntesis

Si algo he visto en Génesis es la gente que Dios usa: pecadores, borrachos, desobedientes, hombres sin gran fe, estafadores, esclavos… los toma y los transforma en siervos suyos.
Él se revela al hombre. Él busca y promete, y llama y cumple. Él mismo prepara a su gente (que falla y cae) y no los abandona. Los acompaña en el camino y los guía y consuela.
Él humilla y Él enaltece para cumplir Su propósito y para Su gloria.
Fui llamado sin merecerlo y adoptado en Jesucristo. Caigo una y otra vez y Él siempre me levanta. Descanso en que no se trata de mi propio rumbo sino el que Él va trazando en mi vida, y no se trata de mi fuerza, mi capacidad, mi preparación o mi fidelidad: se trata de Él, de Su amor con el que me amó desde antes de que la tierra estuviese desordenada y vacía. Se trata de que Él tomó mi lugar en el altar del sacrificio para llamarme su hijo. Se trata de Él siendo fiel a través de cada una de las pruebas. Se trata de la esperanza que tenemos en Jesucristo, de que Su promesa se va a cumplir y que desde ese génesis atravesaremos hasta su Revelación, ante el mar de cristal, ante el Trono, con Él, gracias a Él, de Su mano y para Su Gloria.

“Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos”. Génesis 22:8

lunes, 13 de octubre de 2008

Madurez

"De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme." (Juan 21:18-19)

¿Qué es la madurez? ¿Cómo sé si soy una persona realmente madura?
En el mundo actual la gente anhela llegar a cierta edad creyendo que entonces será completamente libre de hacer lo que quiere, entonces el individuo se sentirá una persona adulta, mayor o madura; pero no es así, la madurez no es una licencia para satisfacer mis caprichos, por el contrario, es la capacidad que tenemos de ejercer la libertad de renunciar a nuestros propios deseos a cambio de agradar a quien amamos.
¿La libertad de renunciar? ¡Qué es eso!
Déjame explicarlo con un par de preguntas: ¿No son los niños los más caprichosos y egoístas? (a pesar de su ternura) ¿no les cuesta a los niños darse cuenta de que el mundo no gira alrededor de sus deseos?, claro que sí, por eso a los niños se les debe enseñar a compartir, a respetar, etc., pero no se les debe enseñar a ser egoístas, envidiosos y más, todo eso lo tienen de entrada en su sistema.
Una persona es madura cuando tiene la capacidad de ver por los demás y no cuando sólo ve por sí misma. Pero en este mundo las cosas no se entienden normalmente así porque el aquí y el ahora siempre están invertidos de cómo deberían estar, la Biblia me enseña que en el mundo todo está al revés (Eso me recuerda a Facundo Cabral, que definió la sociedad como aquel lugar “donde el dólar sube y el hombre baja…”)
Jesús le dijo a Pedro: “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras” (Juan 21:18)
El morir a mí mismo, el dejar que sea Él quien me ciña y Él quien me guíe aunque Su camino no es el que mi carne desea transitar (Gálatas 5:17), eso es madurez.
Obviamente mi carne quisiera seguir viviendo la vida como la vivía antes, por eso es necesario que extienda mis manos (Gálatas 5:24) y me rinda ante Dios.
Ese es el precio de la madurez, Cristo no mintió al respecto, fue claro al decir que no sería fácil: “Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme” (Juan 21:19)
Jesús nos dijo el costo, pero también el premio: ¡Es para glorificar a Dios! (no se trata de mí, sino de Él, por tanto Él va a sostenerme aunque parezca imposible desde mi perspectiva)
Él no va a obligarnos, pero su llamado ahí está y todavía vigente: “Sígueme”. (La recompensa es vida eterna a su lado. Sabes el costo y conoces el premio ¿aceptas?, vale la pena)

jueves, 2 de octubre de 2008

El profeta Habacuc - Fe


Capítulo Uno

El capítulo uno narra la queja de Habacuc, “Clamo y no oyes, grito y no salvas…” (v.2) El profeta está cansado de lo que ve a diario: injusticia y violencia… y parece que Dios no hace nada. Luego viene la respuesta de Dios: Él no está sin hacer nada, sino que está haciendo algo insólito: Traerá a Babilonia para juzgar al pueblo de Israel; vendrá destrozando todo -como un huracán- y se ensoberbecerán sobre el pueblo.

Habacuc queda pasmado: ¿Es esa la respuesta de Dios? ¿Tomar a los caldeos para juzgar a Israel? El profeta sabe que Dios es eterno, que es Dios desde la eternidad, que es Santo y firme, que es fiel y que no los destruirá por completo (“no moriremos” v.12), sabe que el castigo es necesario, pero...

¿...Con los babilonios?, ¡Por qué ellos! Habacuc pareciera decir: “Sí, es verdad, tu pueblo ha sido injusto, estamos de acuerdo en eso, pero no tanto como los caldeos. Míralos, tú no soportas la maldad, ¿por qué vas a usarlos a ellos?, ellos ni siquiera consideran al hombre como ser humano…” (v.13-17)

Capítulo Dos

El profeta se ha quejado, pero se ha quejado con quien debe hacerlo. Ha expuesto su caso y ahora espera una respuesta. Espera con determinación, a solas y sabiendo que Dios va a responder (expectativa).

Dios es claro en su respuesta: “Escribe la visión y espera, tardará un poco a tus ojos, pero todo se cumplirá: El impío se enorgullece mas el justo por la fe vivirá”. (2:4).

No se trata de otra cosa sino de tener fe, se trata de creer, pero no sólo creer en Dios, sino sobre todo, creerle a Dios, o sea: fe.

Y luego Dios le comunica que, a su tiempo, también juzgará a Babilonia: “¡Ay de los que roban y despojan!, ellos serán despojados; ¡Ay de los que codician y se vanaglorian en soberbias!; ¡Ay de los que edifican su reino con sangre e iniquidad!, edifican en vano porque todo es de Dios y el conocimiento de Su Gloria llenará toda la tierra; ¡Ay de los que avergüenzan y deshonran al prójimo!, beberán del cáliz de Dios y su gloria será vomitada; ¡Ay de los idólatras! Que confían en palos cubiertos de oro y plata. No saben que sus ídolos son huecos y vacíos… (2:6-19) pero “Dios está en su Santo Templo, calle delante de Él toda la tierra” (2:20). Nada que discutir. Nada por agregar: Él es Dios y juzgará al mundo… “mas el justo por su fe vivirá”.

Capítulo Tres


El capítulo tres es un salmo de adoración a Dios. Habacuc recuerda lo que Dios ha hecho y sabe lo que Dios hará, ahora ya no se queja, sino que ahora adora porque sabe que Dios es fiel y poderoso. Su Palabra ha despertado el temor y el gozo (3:1) (paradoja sólo posible en Dios), al fin y al cabo sus palabras siempre se cumplen (3:9): Él hará, por tanto espera confiado la invasión de Babilonia (3:16). La crisis y las circunstancias son solo eso: circunstancias, el profeta se alegrará en Jehová. (3:18-19)


En mi vida


¿Cuántas veces me he quejado ante quien no puede ayudarme? Habacuc me muestra que debo ir con mis dudas ante Él, incluso con mis molestias. Cristo murió para que podamos acercarnos CONFIADAMENTE al trono de la gracia (Hebreos 4:16).

Ahora, después de quejarme, ¿estoy dispuesto a escuchar lo que Él quiera decir? Dios contesta lo que Él ha determinado hacer y, aunque eso me desconcierte, debo aprender a confiar en Él. Él siempre hace lo correcto aunque yo crea que es ilógico (Isaías 55:9), sólo necesito dejar de mirar alrededor mío y levantar la mirada buscarlo a Él (Hebreos 12:1-2)

¿Cómo lo estoy buscando? ¿Con decisión? ¿Por religión…? Dios quiere hablarme, ¿Yo quiero escuchar? (¿tal vez no me “conviene” lo que va a decir?). Pero si no estoy dispuesto a oírle, ¿a quién más iré si sólo Él tiene palabras de vida eterna? (Juan 6:68).

En este mundo caído vemos muchas injusticias a diario, si me enfoco en ellas voy a deprimirme. Aún así, si mi frustración la desahogo con Dios y espero su consuelo, el consuelo vendrá cuando fije mis ojos en Él y podré adorarle a pesar de las circunstancias.

Habacuc me habla de fe, porque aún para quejarme con Dios preciso de fe para ir con Él. Necesito fe para creer que su plan es mejor que el mío. ¡Necesito fe para ser salvo!... La fe es por la Palabra (Romanos 10:17), entonces, nuevamente ¿Cómo me acerco a su Palabra? ¿Con decisión? ¿Cada cuánto? ¿Cuánto tiempo?

Si permanezco en Él, en Su Palabra, entonces podré decir en medio de la crisis: “…con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mis salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza…” (Habacuc 3:19)

jueves, 18 de septiembre de 2008

El profeta Nahum - Dios es Justo

En el capítulo uno, el profeta Nahum narra, en primera instancia, el carácter del Dios verdadero. Él es el Dios justo que no puede tener por inocente al culpable y delante de Él ¿quién podrá mantenerse en pie?
Inicia narrándonos el destino, en general, de sus enemigos (los enemigos de Su pueblo son Sus enemigos) y poco a poco va a dirigirse específicamente a la ciudad de Nínive.
El capítulo dos narra vívidamente la destrucción y saqueo de la ciudad de Nínive. ¿Dónde quedó el orgullo y la soberbia de los asirios? Los leones narrados en el v.11-12 corren delante del verdadero León, el León de la tribu de Judá. En este capítulo viene la primera declaración de Dios: “He me aquí estoy contra ti” (¿Habrá alguna declaración más espantosa?)
El capítulo tres describe poéticamente la invasión a la ciudad, y la razón de esta: “a causa de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia” (Al no ser Nínive pueblo de Dios, la fornicación no habla de idolatría sino de hechicería, ver versículo 4). En este capítulo (v.5) está la segunda declaración “He me aquí estoy contra ti”. Dios va a humillar la soberbia de los asirios; se han cumplido las profecías contra Tebas, ¿acaso esta, contra Nínive, no se cumplirá? Dios es incluso irónico “refuerza tus fortalezas…” (v.14) ¿Qué fortaleza es suficiente contra el Dios de los ejércitos? Todos huirán sin dejar rastro, el pueblo caerá, ya está decretado: “No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable” y ni siquiera tienes amigos (v.19).
Este libro, a diferencia de otras profecías, no muestra esperanza ni restauración, sólo juicio; pero Dios no actuó sin misericordia. Hacía más de cien años que Jonás había sido enviado a anunciar la llegada del juicio y, en principio, ellos se arrepintieron, pero no permanecieron en arrepentimiento. Dios es amor y es justicia. “Dios no tendrá por inocente al culpable” (Nahum 1:3)

En mi vida

Dios es severo con el pecado, ¿acaso puedo yo tolerarlo? (en mi vida). Dios en su misericordia espera, mas no es eso tardanza sino una muestra de su paciencia, pero el juicio es real y un día lo va a ejecutar.
Creo que debemos vivir reconociendo la realidad de un Dios Santo y Justo. Si no perdonó a los ninivitas, ¿cómo perdonará al que deliberadamente pisotee la sangre de Jesucristo? (Hebreos 10:26-31)
La santidad no es una meta en nuestra vida, sino el camino por el cual debemos andar día a día –la meta es glorificar a Cristo-, y el camino de santidad siempre empieza llamándole pecado a lo que Dios le llama pecado y luego arrepintiéndose. (“Sea cual fuere el “llamamiento” que alguien pretenda haber recibido, sino ha sido llamado a la santidad, puede asegurarse que no lo ha sido al ministerio[1])
Si bien, “no hay medicina” y la “herida es incurable” (Nahum 3:19) Dios ha provisto una solución para sanar esa herida: El sacrificio de Jesús en la cruz. Tenemos acceso a esa medicina simplemente con confesar nuestros pecados (1 Juan 1:9), sólo puede impedirnos ir a ella el creer que somos autosuficientes y creer que nuestros métodos son mejores y nuestras reglas son mejores que las que Dios ha determinado, o sea, en una sola palabra: Soberbia.
La soberbia nos impide reconocer nuestra condición de pecadores y la realidad de que Dios es el dueño de todo, incluso de nuestras vidas. Por el contrario, cuando nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, podemos ver que Él tiene cuidado de nosotros y entonces es Él quien nos perfecciona, afirma, nos fortalece y establece para Su reino. (1 Pedro 5:6-10)

No se trata de infundir miedo sino de ver la realidad: Dios no va a tener por inocente al culpable, pero sí desea justificar al pecador arrepentido.


[1] SPURGEON, C. Discursos a mis estudiantes, Plática I: “La vigilancia que de sí mismo debe tener el ministro”. 16 ed. Colombia; Casa Bautista. Pag. 9