martes, 1 de septiembre de 2015

La Palabra y el Alma

Una de las cosas que suelo hacer cuando estoy en casa de mis padres, es revisar y releer (o por lo menos hojear un poco) algunos de los libros que me impactaron cuando vivía allí. Debo confesar mi consistente fracaso en leer "El péndulo de Foucault"... en estos años siempre comienzo a leerlo y termino por abandonarlo, a veces por Inodoro Pereyra, a veces por Asterix o La Odisea. Esta vez fui decidido... y terminé abandonando mi lectura por releer un libro que en la universidad leía y regalaba una y otra vez: "Las palabras andantes" de Eduardo Galeano (evidentemente conmovido por la muerte, casi cercana, de este autor que me marcó desde colegio)

"Las palabras andantes"
(Eduardo Galeano)
La cosa es que en una de las "ventanas" que tiene el libro encontré lo que está en la foto y me sorprendió esa idea: La palabra y el alma directamente relacionadas. Por supuesto, no hablo de la palabra escrita por hombres sino por La Palabra de Dios (así, con mayúsculas)

Es La Palabra (así, con mayúsculas) la única que puede dar vida al ser humano: renacemos de simiente incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 Pedro 1:23). Por eso es importante que anhelemos esta leche espiritual no adulterada (1 Pedro 2:2) y también que anunciemos y mantengamos pura esta leche espiritual, para que nosotros mismos -y también otros-  podamos crecer...

                          ...y sí, quienes mienten La Palabra (con mayúscula) en verdad son traidores del alma.