viernes, 18 de diciembre de 2015

El desencanto de ciertas esperanzas

Como muchos de mi generación, cuando era estudiante comencé a formar una visión política de lo que sucedía alrededor de mí. Recuerdo que -como decía Galeano- yo estrené los pantalones largos en las marchas pidiendo presupuesto para la universidad, en los albores de 1993 (Con los consabidos enfrentamientos con la policía y los ataques con gases lacrimógenos)

En 1997 participé con unos amigos en los esfuerzos por evitar que el dictador Hugo Banzer ganara las elecciones presidenciales (Organizamos conciertos, pintamos paredes, regalamos volantes, etc.)

Desde niños, cada ida a Vallegrande incluía una visita al hospital Nuestro Señor de Malta, (donde se tomaron las clásicas fotos del cadáver del Che, con los ojos abiertos); además, en 1997, mientras el equipo forense investigaba para confirmar si eran o no del Che los huesos que se acababan de encontrar, en el estacionamiento del hospital Japonés, en Santa Cruz, montamos serenata por algunas noches, cantando por turnos "aprendimos a quererte..."

Al final, con la madurez y con la mano de la historia, uno va viendo cómo algunos de esos ideales no sólo no se alcanzaron con el anhelado ascenso al poder de una izquierda medio diestra, sino que el desencanto de quienes fueron el cenit de nuestras esperanzas se hizo sentir poco a poco. Cada quien fue tomando su parte en la sociedad y cada quien tuvo que aprender a pagar la renta y a comprar la despensa.

Ese desencanto ha envuelto a generación tras generación porque nunca los cambios verdaderos van a venir solucionando los conflictos políticos. Las injusticias siguen y -parafraseando a Lerner- "sólo cambia el escenario en la escena del dolor".

Pero hubo algo distinto en mi vida. Jesús trajo una luz verdadera que me permitió entender más allá de lo que mis ojos y mi entendimiento podían comprender. Cristo trae una esperanza que no se marchita, que no muta ni se agujera con el devenir de las circunstancias. Sólo en Cristo tenemos un fortísimo consuelo y una esperanza que es firme, como un ancla que puede asegurar nuestra alma hasta la presencia misma de Dios. Esta esperanza me permite amar y convivir con los de izquierda y derecha, con los revolucionarios de fusil y los rebeldes de Facebook, me permite comer en las casas millonarias de algunos amigos y tomarme un café al calor de un apretado departamento de una familia que vive con lo justo.

En esta esperanza cabemos los rojos, los grises, los nacionalistas, los chauvinistas y los malinchistas. Esta esperanza nos empareja porque todos necesitamos de la gracia que se nos ofrece y nos permite extender perdón porque nosotros mismos hemos necesitado misericordia.

No es que haya renunciado a mis ideales, sino que ahora los entiendo mejor y conozco al Único camino que puede proveer lo que tanto deseábamos mientras nos juntábamos en ese parque a leer poesía y a diseñar los planes que habría que seguir. Creo, en verdad lo creo, que no hay otro camino sino a través del Evangelio ("El glorioso evangelio del Dios bendito"). Cualquier otra esperanza se va a apolillar, se va a corromper... sólo Cristo sigue siendo seguro. El Dios verdadero sigue siendo Dios y sigue siendo verdadero.

Bueno, todo eso venía a mi mente mientras escuchaba el tono nostálgico que Ismael Serrano vierte en esta historia que, yo también, cuando era niño le pedía a mi papá que me la contara...




Esta otra canción es de cuando intentamos -sin éxito- evitar que el general Banzer regresara al gobierno... (sobre esa época escribiré otro día, hoy sólo les comparto esta canción que grabamos como campaña para generar conciencia en esa época. Yo era el baterista de la banda)