viernes, 13 de abril de 2012

Declaración de un joven pastor de Zimbabwe


Repasando algunas cosas para una clase en el IBSM, me encontré algo que el pastor Jaime Foote (dale click para ir a su cuenta en Twitter y síguelo) nos leyó. Es una pequeña carta, una suerte de declaración de vida que hizo un joven pastor de Zimbabwe. Este texto fue encontrado después que él fuera asesinado por su fe en Jesucristo:
(En internet hay una gran variedad de versiones y traducciones de este mismo texto, tomé el que el pastor Jaime nos leyó en clase hace unos años)

Yo soy parte de la fraternidad de los que no se avergüenzan
Ya eché mi suerte, ya he rebasado una línea, ya tomé una decisión. Yo soy su discípulo y no miro atrás, no aflojo el paso, no retrocedo y no me quedo quieto.

Mi pasado está redimido. Mi presente tiene sentido y mi futuro está asegurado.  Ya no aguanto más esa vida mediocre: andar por vista, tener rodillas suaves, sueños sin color, visiones domesticadas, hablar mundanamente, vivir barato y tener metas enanas.

Ya no necesito la preeminencia, la prosperidad, la posición, la promoción, los aplausos o la popularidad. Ya no necesito tener la razón, o ser el primero, o el mayor, o ser reconocido o elogiado, o recompensado. Ahora vivo por fe y me apoyo en Su Presencia, ando con paciencia. La oración me levanta y trabajo por el poder de Su Espíritu

He enfilado mi rostro. Mi marcha es acelerada. Mi meta es el cielo. Mi camino es estrecho, mi senda es áspera, mis compañeros son pocos pero mi guía es confiable y mi misión es clara.

No me pueden comprar, no me pueden disuadir, no me pueden desviar, no me pueden seducir, no pueden  cambiarme el rumbo, no me pueden engañar, no me pueden demorar.

No voy a flaquear ante el sacrificio, no voy a titubear en presencia del adversario. No voy a negociar en la mesa del enemigo, no voy a meditar ante los charcos de popularidad ni voy a serpentear en el laberinto de la mediocridad.

No me rindo, no me callo y no doy tregua hasta que haya permanecido, atesorado, orado, pagado y predicado la causa de Cristo.

Yo soy un discípulo de Jesús. Voy dar hasta que ya no pueda más, predicar hasta que todos sepan y trabajar hasta que Él venga...
...y cuando Él venga por los suyos, no tendrá problemas en reconocerme porque mi bandera estará en alto.