lunes, 22 de diciembre de 2008

Espera...

Los minutos se arrastran, arrastrando los segundos que los siguen.
Me quedé dormido un rato y algunas personas ya no están alrededor, otras nuevas han llegado.
Ya recorrí todos los pasillos una y otra vez, y no hay nada que me interese, sólo quiero llegar ya a casa.
Estoy en el Aeropuerto de El Salvador (que nombre tan interesante para sentarme a escribir esto). Todavía me quedan 6 horas antes de que salga mi vuelo, unas cuantas horas de vuelo y luego tengo una escala en Lima y continuamos el viaje... es pesado pero vale la pena soportarlo porque voy a visitar a mi familia.
Verás, a veces en mi vida con Cristo me pasa lo mismo. A veces las pruebas me abruman y me quedo dormido y cuando despierto algunas personas alrededor mío ya no están y otras nuevas han llegado... y cuando veo hacia adelante veo que todavía falta mucho para que la prueba pase. Pero, cuando pienso en la meta... ah... ahí todo cambia porque entonces la prueba vuelve a tener el valor que realmente tiene: es pasajera, un día terminará.
El viaje no tiene valor por el viaje sino por el lugar a donde estoy yendo y las personas que voy a ver... es igual con Cristo. Si te enfocas en lo que está sucediendo puedes perder la perspectiva... hay una meta y Él nos está esperando, y un día todo esto va a terminar.
Odio los despegues y aterrizajes, realmente me estresan, pero, sé que con cada despegue y aterrizaje que paso ya estoy más cerca de la familia que me está esperando en Bolivia. Con las pruebas es igual, cada prueba solo es la muestra de que ya está más cerca nuestra redención... y entonces podemos tener sumo gozo cuando nos hallamos en diversas pruebas, como nos dice Santiago.
Bueno, tengo que volver a mirar la nada por la ventana del aeropuerto y volver a imaginar lo que platicaré con mis padres y mis hermanos cuando llegue a Santa Cruz... Feliz Navidad a todos, que Dios los bendiga.