viernes, 13 de junio de 2008

El fin se ve en el principio

El asunto de la evolución o la creación no tiene su origen en la duda “¿de dónde venimos?”, sino que se desprende del miedo a responder la pregunta: “¿A Dónde vamos?”, porque el asunto es sencillo:

Si somos producto de un accidente cósmico, el resultado de una combinación aleatoria de moléculas, o sea, en realidad si eso es cierto sólo somos una broma del azar.
Entonces si ese es el caso no importa cómo vivamos, a final de cuentas, de una piedra o un río sólo nos distingue un número en los dados del destino. No hay propósito, no hay meta ni medida, pero…

Si somos el resultado de la creación consciente de un diseñador, entonces eso implica que voy a dar cuentas de mi vida. Entonces importa mucho el cómo vivo y lo que hago, y en ese caso ya tengo un estándar para medir lo bueno y lo malo: el estándar que fija el Creador de este magnífico laberinto.

Hay dos tipos de personas:
Los que creen en la evolución porque no han oído la verdad de la creación; y

Los que deciden creer en la evolución porque de esa manera pueden seguir viviendo sus vidas de la manera que ellos lo deseen, convirtiéndose a sí mismos en sus propios dioses, definiendo por sí mismos lo bueno y lo malo.

¿Creación? ¿Evolución? No es un asunto de evidencia sino de conciencia. (En otro momento hablaremos de la evidencia)