sábado, 11 de febrero de 2017

Así va la historia de la historia

Estoy tomando una clase de historia de la iglesia y pensé en compartir aquí algunas cosas que voy aprendiendo.

La primera tiene que ver con la concepción que, como creyentes, tenemos de la historia misma. La manera en que nos acercamos a la historia es única porque tenemos tres convicciones:

  1. Dios interviene en el mundo.  Es decir, creemos que Dios no está indiferente a los asuntos humanos sino que escucha y contesta oraciones, Él mismo se revela a la humanidad, etc. Es decir, como seres humanos contamos para Él y se interesa por nosotros.
  2. Dios guía la historia. O sea, la historia misma cumple un propósito de Dios. Desde el Génesis vemos a Dios desarrollando un plan y un propósito. La historia no es una colección de eventos cíclicos sino que es lineal porque tiene un rumbo y una dirección a la que, pase lo que pase, llegará en el momento correcto.
  3. Dios traerá una conclusión a la historia. Es decir, Dios mismo determinará el momento en que todo terminará y Él ha determinado cómo ha de ser el final de todo.

El humanismo está desprovisto de estas convicciones; deliberadamente se ha desvestido de esto y por ello carece de esperanza. 

Lo maravilloso del pensamiento cristiano y su visión es que esto no sólo aplica a la historia global de la humanidad, sino que esta postura es válida también en la vida cotidiana de cada individuo que ha creído:

  • Creemos que Dios interviene en nuestro mundo y contesta oraciones, se revela diariamente y consuela con consuelo verdadero.
  • Creemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien (Romanos 8:28). Es Dios quien teje los hilos de nuestra historia, y cada cosa tiene un rumbo y un propósito. No vivimos eventos al azar y no somos víctimas de las circunstancias.
  • Creemos que Dios ha determinado el final de todas las cosas: Reunir todas las cosas en Cristo (Efesios 1), por ello, todo lo que está hecho en Cristo es verdadero y permanecerá en día final, mientras que lo hecho en nuestras fuerzas será quemado... por eso atesoramos en el Cielo, no en la tierra.
Al final de cuentas la meta de nuestra historia no es contar el pasado sino hablar de la esperanza gloriosa a la cual nos dirigimos. Un día todo lo que hoy es actual y "relevante" sólo va a ser un eco en la historia mientras que Su Palabra permanecerá para siempre.