lunes, 9 de enero de 2017

Ese asunto del acento...

Hoy, mientras comíamos, mi pastor me preguntó si yo todavía guardaba algo del acento cruceño que tenía cuando llegué a México.

La verdad es que creo que nunca tuve un marcado acento cruceño. El cruceño (a quien también se le llama "camba"), habla sustituyendo la "s" por "j" (Si vives en México puedes imaginarlo un poco pensando en el acento costeño... mas bien "cojteño").

Yo viví toda mi infancia en Santa Cruz, pero terminando el colegio viví varios años en La Paz, en donde el acento es completamente opuesto al de Santa Cruz porque el acento paceño (También llamado "colla") lo que se hace es enfatizar las "s" (Un poco al estilo Luismiguel... pero con más énfasis). Por tanto, al final de mis años en Bolivia mi acento era una mezcla de modismos cambas con frases claramente collas... mis palabras iban salpicadas de acentuaciones cruceñas tanto como paceñas...

...así un día aterricé en México y -por supuesto- al cabo de algunos años mi acento también se pintó del cantadito típico del mexicano promedio.

¿Cuál es mi acento el día de hoy? La verdad, depende un poco de con quién hablo. Cuando hablo con mi familia de Bolivia, regresan algunas notas coloridas de mi tierra... aunque ya no con la pureza de antes. Cuando hablo aquí en México, sólo algunas personas pueden detectar que cargo con alguna marca de extranjero en mi habla.

Lo que nunca he perdido es mi pronunciación de la doble L. Verás, en Bolivia, la doble L tiene una pronunciación claramente distinta a la "Y". En mis primeros meses en México se me hacía súper extraño que alguien confundiera las dos letras al escribir, ya que en mi mente suenan completamente distintas (Sería como confundir la "M" con la "R"). Luego me di cuenta de que algunas personas, no sólo confundían las dos letras, sino que ni siquiera lograban detectar que yo las pronuncio de una manera distinta.

Así, el hablar de mi tierra me ha marcado de tal manera que a pesar de los años, las culturas y los kilómetros, no se ha podido despegar del todo de mí. Es que la naturaleza se pega tanto al corazón que se refleja en el habla. Tal vez por eso es tan importante que nuestro hablar sea el correcto... pero no estoy hablando de cuidar el vocabulario, sino de cuidar el corazón porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Bueno, pensando en eso quisiera compartirte esta entrevista a Darwin Pinto, a quien conocí recién a través de Facebook, por medio de algún amigo común. Yo le mandé una solicitud de amistad porque en alguna publicación leí que sus comentarios cumplían a cabalidad lo que dice 1 Pedro 3:15: "...presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros". Darwin Pinto es periodista (Ganador de varios premios) y escritor, aunque -diría con bastante seguridad- su mayor pasión es el evangelismo y el discipulado (lo sé porque en mi más reciente visita a Bolivia pude asistir a una célula de su iglesia en la que fui verdaderamente edificado por su enseñanza). Me tomo el atrevimiento (sin consultarle, lo admito) de invitarte a que lo busques en Facebook, porque sus aportes acerca de la realidad Palestino-Israelí son verdaderamente ilustradoras. (Aquí puedes seguirlo en Tuiter: @darwinpintoC)
Escuchar su testimonio (¡Además con el acento cruceño!). En verdad me emociona, espero que a ti también.

(Claramente la entrevista está hecha en los altos del Café Lorca, y al fondo se ve la Plaza 24 de Septiembre de la que te hablé en este otro post ←)
(Ese sonido de la LL, que para mí es inequívocamente claro, es semejante al que tiene el fonema "gl" en el italiano. En la entrevista se oye perfectamente... bueno, claramente para algunos...)