domingo, 29 de enero de 2017

Creo en Dios a mi manera...

Muchas veces yo mismo dije "Creo en Dios, pero a mi manera..."; y siendo sincero, decir eso nos da un toque de espiritualidad pero sin tener que renunciar a la "libertad" que buscan y presumen los "progres" o creyentes liberales.

El problema es que la fe cristiana (la bíblica, la verdadera) no es como un bufet en el que uno puede elegir algunas cosas y desechar otras. Dios establece en Su Palabra quién es Él, cómo es y lo que Él demanda de Su creación... y sí, todos somos creación de Dios.

Lo que hace esa falsa espiritualidad es crear un dios (sí, así con minúsculas) que está hecho a mi imagen y conveniencia. Un dios que se sujeta a mis filias y desecha mis fobias. Está hecho a mi medida y a mi complacencia... en realidad, es la señal de que yo anhelo ser -y creo ser- mi propio dios.

Primeramente
El evangelio puro y bíblico establece primeramente una demanda: Jesús es Señor de todos (Hechos 10:36) por tanto, yo no defino quién es Él, sino que Él define quién soy yo. Él pone las reglas, Él decide lo que es bueno y malo, justo e injusto y lo que es permitido o no.

Lo maravilloso de esto es que ese que es Señor de toda la tierra... es amor, un amor puro que  no traiciona Su Santidad, por tanto vive de acuerdo a Su Justicia... y por eso dio su vida por nosotros, para poder atribuirnos Su justicia habiendo pagado nuestra deuda de pecado y así conservar Su Santidad.

Rechazar Su señorío enarbolando mi libertad, mi pensamiento progresista o cualquier otro silogismo, es rechazar a quien Dios ha puesto como muestra de amor.

Segundamente
El evangelio marca que Jesús es juez de vivos y muertos (Hechos 10:42). Por tanto Su estandar es el que importa, es Su veredicto el que cuenta... no mi opinión acerca de Su naturaleza y sus demandas.

Si Jesús es Señor de todos y además es el juez de vivos y muertos, entonces no puedo creer en Dios a mi manera... estoy forzado a tomar una posición: o acepto Su señorío sometiéndome en obediencia a la fe, o entonces lo rechazo  depositando mi fe en un dios que no es el que La Palabra revela. He creado un dios (sí, así con minúsculas) que es incapaz de proveer lo que en realidad mi alma anhela: perdón de pecados y un propósito en la vida: Su Gloria. 

No es compatible la fe Cristiana con un "dios a mi manera"... permíteme decirlo de otra manera: 
Afortunadamente la fe cristiana no acepta un Dios a mi manera porque yo nunca habría podido concebir un Dios tan amoroso como el que se revela las Escrituras