miércoles, 19 de octubre de 2016

No te deprimas ¡Vales la sangre de Cristo! (?)

Por ahí circula la idea de que valemos la sangre de Cristo... Lo he oído en mensajes que, tal vez sin mala intención, buscan levantar el ánimo de alguien diciendo: "Cuando sientes que no te valoran, recuerda que Dios pagó con Su sangre... ese es tu valor..." (Es eso o algo parecido).

El problema es que esa es una frase muy bonita pero completamente falsa.Si valiéramos la sangre de Cristo, entonces lo que nuestro Señor pagó por nosotros fue algo justo. Vio nuestro valor y pagó lo que era correcto... bajo esa perspectiva no existe gracia (favor inmerecido) sino simplemente un acuerdo justo entre el objeto (nosotros) y su valor (Su sangre).

Lo que en verdad representa la sangre de Cristo es el tamaño de nuestro pecado. Nuestro pecado es tan grande, tan escandaloso y tan perverso que no puede ser pagado con oro, plata o piedras preciosas, ni con la sangre de ningún tipo  de ser viviente, sino sólo con la sangre de un hombre sin pecado, como lo es Jesús. (1 Pedro 1:18-19)

(Dicho entre paréntesis, cuando alguien dice que el Dios de la Biblia es "sanguinario", lo que está haciendo es evidenciar que no ha comprendido la magnitud de nuestro pecado. Los sacrificios del Antiguo Testamento y el sacrificio de Cristo son violentos, sangrientos y dolorosos porque esa es la medida de nuestra ofensa a Dios).

La postura de "vales la sangre de Cristo" nos enfoca en nosotros mismos. Por el contrario, el entender que Dios me ama y que pagó por mi redención con la Sangre de Cristo, sin merecerlo, nos permite descansar en la Gracia Salvadora de Dios... y puedo glorificarle sólo a Él; de otra manera sólo estoy aceptando, con altanería, que Dios hizo un buen trueque por mi vida al poner su vida en mi lugar.

¿Tienes problemas de autoestima? No se solucionan enfocándote en ti mismo o tratando de inflar tu ánimo con recetas humanistas. Tu identidad va a encontrar descanso al entender el gran AMOR (así con mayúsculas) de Dios, quien tuvo tanta misericordia que ha pagado un precio que no valíamos para poder darnos la oportunidad de Glorificarle.

Sólo encontramos paz cuando nos colocamos correctamente en el lugar de quien necesita la misericordia de Dios, al final, el Salmista decía con certeza:

¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia!
Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.
Serán completamente saciados de la grosura de tu casa,
Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.
Porque contigo está el manantial de la vida;
En tu luz veremos la luz.
Salmo 39:7-9

¿Necesitas esa luz? Corre a sus brazos como quien anhela Su misericordia porque has comprendido tu necesidad.

Mi pastor, hace un tiempo dio esta enseñanza en Semilla de Mostaza, tómate un tiempo y mira esta conferencia: