martes, 15 de octubre de 2013

El diccionario que me regalaron

Entre las muchas cosas que este año recibí como regalo de cumpleaños, está el "Diccionario de uso del español María Moliner". 

Creo que fue en 1996 que me enteré de su existencia (a través de un artículo de Gabriel García Marquez)  y desde entonces quería tener uno en mis manos; de hecho, cuando llegué a México, uno de mis pasatiempos era "ojalear" (suspirar pensando "...ojalá pudiera... ojalá algún día...") en la librería Gandhi que tenía más cerca de casa, e invariablemente en ese paseo entre los libros terminaba acariciando los dos tomos del María Moliner que se resistía a quedarse conmigo, sólo porque no tenía dinero.

¿Qué tiene de especial ese diccionario? Bueno, creo que el mismo García Márquez lo definió como un diccionario "que habla como la gente", es decir, las palabras definidas son las que responden al uso actual del idioma, no como otros diccionarios que definen lo que debería significar (una diferencia "harto sustancial" en algunas palabras).
Estos días he estado hojeando (y ya no ojaleando) mis dos tomos del diccionario y leyendo palabras al azar, riéndome un poco de cómo, aún en el María Moliner, algunos significados ya han empezado a cambiar...
Es que en el lenguaje, el verdadero significado no lo da el diccionario, sino que son las personas las que, con el uso, definen qué quiere decir esto o aquello.

Lo triste del asunto, sucede cuando queremos trasladar ese efecto del diccionario a la Biblia y buscamos encontrar la verdad en lo que la gente cree, en vez de lo que La Palabra dice.

En la Biblia las cosas son más sencillas: La Verdad (con V mayúscula) está claramente definida en sus páginas, y mi entendimiento deber ser transformado a Sus declaraciones y no debo tratar de adecuar los textos a los tiempos o las circunstancias. 

Nuestro Dios es perfecto y no cambia con el capricho de los años ni con los azares de las circunstancias, y como Él es estable, Su Palabra es estable y tampoco cambia, aunque alrededor de nosotros las cosas sean muy distintas a las que se vivían en los tiempos en que fueron escritas.

La Biblia no cambia porque la necesidad del hombre no se ha alterado: 
Necesitamos un Salvador. 

Y el plan de Dios para rescatarnos no ha cambiado: 
Creer en aquel que Él ha enviado. 

Y la  manera en la que conocemos Su Voluntad no ha cambiado: 
Permanecer en Su Palabra.

Bueno, me voy, luego de hojear mi diccionario me voy a estudiar mi Biblia.

Aquí te dejo el enlace al artículo de García Marquez que leí una noche en una casa que rentamos buscando ser ricos y famosos, pero bueno, esa será otra historia (Aquí está el enlace, que aunque fue publicado en 1981, lo leí en 1996: "La mujer que escribió un diccionario")