martes, 12 de marzo de 2013

Flavilabar...

En la revista Algarabía,  me encontré esta pequeña nota:


Flavilabar es, entonces esa costumbre -casi un deporte, diría yo- de ignorar el propósito por el cual existe el color amarillo en los semáforos; se sustituye el frenado preventivo que debería anteceder al inminente "alto total" del rojo por la aceleración venturosa del "a ver si alcanzo".

Si bien en los terrenos intrépidos del oficio de conducir por las calles de esta ciudad -sea cual sea-, flavilabar es algo común y a menudo sin consecuencias (tal vez alguna "exhortación" con el claxon de otro conductor... que seguramente "flavilabará" en la siguiente oportunidad...), cuando flavilabamos en el terreno espiritual, las consecuencias raramente pueden evitarse.

Por tanto, cuando te encuentres ante el amarillo intermitente que viene antes del pecado no flavilabees, sino frena en seco. Seguramente, al igual que con el coche, la prisa está conduciendo en vez de la sabiduría y un alto puede ser no sólo oportuno, sino necesario. Probablemente hay cosas que perderás en la pausa, pero no será la comunión con Dios :)

En la carta de Santiago encontramos una serie de pasos que, si aprendes a identificarlos en tu vida podrás evitar el impulso de flavilabar espiritualmente, sobre eso escribí en este enlace hace algunos años.

Algunas aclaraciones:

1. Traté de utilizar el verbo Flavilabar (ahí va otra vez) la mayor cantidad de veces posible, a riesgo de sonar redundante... pero, es que ¿cuándo más tendré oportunidad de utilizarlo?
2. Las conjugaciones las hice de acuerdo al instinto... ni me molesté en buscar la conjugación de flavilabar (lo pude usar una vez más) en internet, así que fue, digamos, una licencia auto-autoritaria :)
3. Si bien mi propósito era escribir sobre el flavilabar (¿qué tal eh? otra más) espiritual, también evita el flavilabar callejero ¿no?