sábado, 13 de junio de 2009

Fe... ¿viva o muerta?

“Así también la fe,  si no tiene obras,  es muerta en sí misma”

(Stg 2:17)

 

Santiago ya nos dijo “así hablad, y así haced…” (Santiago 2:12). Muchas veces caemos en la trampa de hablar pero no llevar a cabo lo que hemos hablado. Una de las áreas en las que esto sucede con mayor frecuencia es, precisamente, en la fe. Por eso es que Santiago pregunta “¿de qué aprovechará si alguien dice que tiene fe, y no tiene obras? (Santiago 2:14, énfasis añadido) 

Lo  importante no es la cantidad de fe que yo tenga, sino tenerla en el lugar adecuado; Jesús dijo que si tuviésemos una fe pequeña, del tamaño de un grano de mostaza, era suficiente (Mateo 17:20). De la misma manera, no sólo es necesario tener fe, sino tener una fe que esté viva. Puede darse el caso de que yo “diga” que tengo fe, pero el simple hecho de decir eso no garantiza que en realidad sea cierto.

Lo importante no es tener fe por tener fe, tampoco importa la cantidad de fe que tenga sino que ésta esté viva y en el lugar correcto.

¿Cómo sabré si mi fe está viva y en el lugar correcto?, muy simple, Santiago dice que una fe viva, una fe que salva siempre viene acompañada de obras que la hacen visible. Si al examinar mi vida veo que no hay obras que prueban que Jesucristo es mi Señor, tal vez tengo mucha fe… pero muerta.