sábado, 28 de marzo de 2009

Firmes

En el libro de Josué, capítulo 4, el pueblo de Israel está cruzando el río Jordán para ir a tomar posesión de la tierra prometida. Lo primero que hacen después de cruzar el río es construir un monumento con piedras sacadas del medio del río (recuerda que el río se partió cuando entró el arca del pacto, para que el pueblo pasara en seco).
Lo que me llama la atención es el propósito por el que lo hacen: para que cuando sus hijos les pregunten '¿qué es eso?' ellos puedan decirles que Dios dividió el río delante del arca (4:6-7).
Ahora, las piedras tomadas para el monumento debían sacarse del lugar donde estaban "firmes los pies de los sacerdotes" (4:3). Esto me habla de cuán importante es fijarme dónde están firmes mis pies.
Mira, en mi vida, inevitablemente voy a construir distintos monumentos por los que mis hijos van a recordarme, y las piedras que voy a utilizar para construir esos monumentos siempre van a salir del lugar donde estén firmes mis pies. Si mis pies están firmes en Cristo, ellos verán mi vida y preguntarán por qué mi vida es como es y podré contarles del momento en que Su Presencia partió en dos mi vida, pero si mi vida está llena de monumentos hechos fuera de la voluntad de Dios, aunque sean buenos y grandes, serán monumentos inútiles y mis hijos lo notarán.
En esta época los mayores ataques, el principal blanco del enemigo es la familia. Mis hijos no van a encontrar fuerzas en mis palabras, sino en mi vida y si ellos ven que Dios es real, que Jesucristo no es una religión de domingos sino mi propia vida, entonces serán verdaderamente impactados por los “monumentos” que he construido. Necesito cuidar dónde estoy afirmando mis pies.
El apóstol Pedro dice que los ataques del enemigo se vencen resistiendo firmes en la Fe (1 Pedro 5:9) y el escritor de Hebreos dice que es bueno afirmar el corazón con la gracia, no con cosas materiales como viandas (Hebreos 13:9)
¿Dónde están tus pies?