lunes, 13 de octubre de 2008

Madurez

"De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme." (Juan 21:18-19)

¿Qué es la madurez? ¿Cómo sé si soy una persona realmente madura?
En el mundo actual la gente anhela llegar a cierta edad creyendo que entonces será completamente libre de hacer lo que quiere, entonces el individuo se sentirá una persona adulta, mayor o madura; pero no es así, la madurez no es una licencia para satisfacer mis caprichos, por el contrario, es la capacidad que tenemos de ejercer la libertad de renunciar a nuestros propios deseos a cambio de agradar a quien amamos.
¿La libertad de renunciar? ¡Qué es eso!
Déjame explicarlo con un par de preguntas: ¿No son los niños los más caprichosos y egoístas? (a pesar de su ternura) ¿no les cuesta a los niños darse cuenta de que el mundo no gira alrededor de sus deseos?, claro que sí, por eso a los niños se les debe enseñar a compartir, a respetar, etc., pero no se les debe enseñar a ser egoístas, envidiosos y más, todo eso lo tienen de entrada en su sistema.
Una persona es madura cuando tiene la capacidad de ver por los demás y no cuando sólo ve por sí misma. Pero en este mundo las cosas no se entienden normalmente así porque el aquí y el ahora siempre están invertidos de cómo deberían estar, la Biblia me enseña que en el mundo todo está al revés (Eso me recuerda a Facundo Cabral, que definió la sociedad como aquel lugar “donde el dólar sube y el hombre baja…”)
Jesús le dijo a Pedro: “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras” (Juan 21:18)
El morir a mí mismo, el dejar que sea Él quien me ciña y Él quien me guíe aunque Su camino no es el que mi carne desea transitar (Gálatas 5:17), eso es madurez.
Obviamente mi carne quisiera seguir viviendo la vida como la vivía antes, por eso es necesario que extienda mis manos (Gálatas 5:24) y me rinda ante Dios.
Ese es el precio de la madurez, Cristo no mintió al respecto, fue claro al decir que no sería fácil: “Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme” (Juan 21:19)
Jesús nos dijo el costo, pero también el premio: ¡Es para glorificar a Dios! (no se trata de mí, sino de Él, por tanto Él va a sostenerme aunque parezca imposible desde mi perspectiva)
Él no va a obligarnos, pero su llamado ahí está y todavía vigente: “Sígueme”. (La recompensa es vida eterna a su lado. Sabes el costo y conoces el premio ¿aceptas?, vale la pena)