jueves, 18 de septiembre de 2008

El profeta Nahum - Dios es Justo

En el capítulo uno, el profeta Nahum narra, en primera instancia, el carácter del Dios verdadero. Él es el Dios justo que no puede tener por inocente al culpable y delante de Él ¿quién podrá mantenerse en pie?
Inicia narrándonos el destino, en general, de sus enemigos (los enemigos de Su pueblo son Sus enemigos) y poco a poco va a dirigirse específicamente a la ciudad de Nínive.
El capítulo dos narra vívidamente la destrucción y saqueo de la ciudad de Nínive. ¿Dónde quedó el orgullo y la soberbia de los asirios? Los leones narrados en el v.11-12 corren delante del verdadero León, el León de la tribu de Judá. En este capítulo viene la primera declaración de Dios: “He me aquí estoy contra ti” (¿Habrá alguna declaración más espantosa?)
El capítulo tres describe poéticamente la invasión a la ciudad, y la razón de esta: “a causa de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia” (Al no ser Nínive pueblo de Dios, la fornicación no habla de idolatría sino de hechicería, ver versículo 4). En este capítulo (v.5) está la segunda declaración “He me aquí estoy contra ti”. Dios va a humillar la soberbia de los asirios; se han cumplido las profecías contra Tebas, ¿acaso esta, contra Nínive, no se cumplirá? Dios es incluso irónico “refuerza tus fortalezas…” (v.14) ¿Qué fortaleza es suficiente contra el Dios de los ejércitos? Todos huirán sin dejar rastro, el pueblo caerá, ya está decretado: “No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable” y ni siquiera tienes amigos (v.19).
Este libro, a diferencia de otras profecías, no muestra esperanza ni restauración, sólo juicio; pero Dios no actuó sin misericordia. Hacía más de cien años que Jonás había sido enviado a anunciar la llegada del juicio y, en principio, ellos se arrepintieron, pero no permanecieron en arrepentimiento. Dios es amor y es justicia. “Dios no tendrá por inocente al culpable” (Nahum 1:3)

En mi vida

Dios es severo con el pecado, ¿acaso puedo yo tolerarlo? (en mi vida). Dios en su misericordia espera, mas no es eso tardanza sino una muestra de su paciencia, pero el juicio es real y un día lo va a ejecutar.
Creo que debemos vivir reconociendo la realidad de un Dios Santo y Justo. Si no perdonó a los ninivitas, ¿cómo perdonará al que deliberadamente pisotee la sangre de Jesucristo? (Hebreos 10:26-31)
La santidad no es una meta en nuestra vida, sino el camino por el cual debemos andar día a día –la meta es glorificar a Cristo-, y el camino de santidad siempre empieza llamándole pecado a lo que Dios le llama pecado y luego arrepintiéndose. (“Sea cual fuere el “llamamiento” que alguien pretenda haber recibido, sino ha sido llamado a la santidad, puede asegurarse que no lo ha sido al ministerio[1])
Si bien, “no hay medicina” y la “herida es incurable” (Nahum 3:19) Dios ha provisto una solución para sanar esa herida: El sacrificio de Jesús en la cruz. Tenemos acceso a esa medicina simplemente con confesar nuestros pecados (1 Juan 1:9), sólo puede impedirnos ir a ella el creer que somos autosuficientes y creer que nuestros métodos son mejores y nuestras reglas son mejores que las que Dios ha determinado, o sea, en una sola palabra: Soberbia.
La soberbia nos impide reconocer nuestra condición de pecadores y la realidad de que Dios es el dueño de todo, incluso de nuestras vidas. Por el contrario, cuando nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, podemos ver que Él tiene cuidado de nosotros y entonces es Él quien nos perfecciona, afirma, nos fortalece y establece para Su reino. (1 Pedro 5:6-10)

No se trata de infundir miedo sino de ver la realidad: Dios no va a tener por inocente al culpable, pero sí desea justificar al pecador arrepentido.


[1] SPURGEON, C. Discursos a mis estudiantes, Plática I: “La vigilancia que de sí mismo debe tener el ministro”. 16 ed. Colombia; Casa Bautista. Pag. 9