martes, 29 de abril de 2008

El día que brilló la oscuridad


Habían pasado las 12 del medio día y como cada domingo estabamos al inicio del servicio. La alabanza sonaba al frente y todo parecía normal, como cualquier domingo, pero de pronto se fue la luz y nos quedamos sumidos en una penumbra que se iluminaba solamente con las notas de la batería, que fue el único instrumento que se rebeló al silencio...
...sin pausas, la alabanza continuó pero a capella, y pasamos de las canciones rápidas a baladas de esas que son -como dice Hugo- “de cachetito con El Señor”.
Es probable que hubiesen algunos pensaran: “uf...que bueno que se fue la luz, a lo mejor asi hoy salimos temprano” o tal vez “ pssss... justo hoy que vino tal o cual persona...” y seguramente no faltó quien iba llegando y notó que había algo raro pero que no sabía exactamente qué era.
Luego de varias canciones en las que, debido a la ausencia de micrófonos, se escuchaba un coro general, sin solistas, subio Fermín y con voz en alto, dió gracias a Dios por las ofrendas y por las grandes bendiciones que habíamos tenido en la semana; un poco después Hector pasó al frente para iniciar la conferencia correspondiente.
El ambiente continuaba un poco extraño por la ausencia de luz. Yo, sentado atrás, podía “escuchar” el silencio que la gente de adelante guardaba para que la voz de Hector resonara en todo el recinto.
Todo hacía suponer que la reunión debía suspenderse, porque sin energía para amplificar la voz del pastor, y sin luz suficiente para leer los textos en las biblias, aquello sería muy complicado.
Entonces se levantaron varias oraciones de gratitud entre la gente y celebramos la cena del Señor: sin micrófonos, sin luz eléctrica, sin artifios humanos... sólo con el corazón y el oído atentos a la “palabra de verdad.”
...y recordamos el sacrificio, la sangre y el nuevo pacto, y el cuerpo partido... y el perdón y la misericordia (“...porque el Señor Jesús, la noche que entregado...”)
...estabamos ahí, en medio de ese salón en penumbras, vagamente iluminado por la poca luz natural que buscaba las pequeñas rendijas para filtrarse... (como Jesús -la Luz verdadera- que busca las rendijas en los corazones rotos para entrar, iluminar y sanar... ...y consolar...)
No recuerdo haber visto nunca una oscuridad tan iluminada, ni que un salón con luces apagadas brillara con tanta fuerza. Cuando parecía que porque fallaron los medios tecnológicos se complicaría mucho la mañana, resultó que la oscuridad tiene suficiente luz si es que está abierta la puerta de la salvación.
Sin duda, esa mañana, brilló (y no por su ausencia) “la palabra profética más segura”, y ya lo sé, “haríamos bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en nuestros corazones...”*

...qué más te puedo contar.

* 2 Pedro 1:19